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I.E.S. Séneca Consejería de Educación  
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Sábado 16 de marzo

Palizón de autobús

Lunes 18 de marzo de 2013

Comenzamos con la despedida a las cuatro de la mañana del sábado, como todos sabéis. Para empezar dulcemente, nuestra profesora Felisa nos ofreció unos pestiños que nos supieron a gloria. Doce horas pasaron y, entre descanso y descanso, llegamos a Barcelona a las cuatro de la tarde, donde dimos un paseo por la ciudad, viendo el exterior de la Sagrada Familia. En los jardines de alrededor de la obra de Gaudi, vimos una manifestación en contra de los recortes en la enseñanza pública, protagonizada por un grupo de niños tocando tambores como forma de protesta.

Volvimos a coger el autobús y nos informaron de que el barco se retrasaba a causa del oleaje hasta las una de la madrugada. Esto nos pilló de imprevisto y mientras esperábamos la hora de cenar, hicimos tiempo visitando el mercado de la Boquería y las calles y tiendas de Barcelona. Paseamos por la Rambla hasta la plaza de Colón para llegar al puerto, una vez allí nos encontramos con otra sorpresa, el barco se volvia a retrasar, esta vez hasta las cuatro de la mañana.

Cansados y más preocupados por perdernos la discoteca del barco que por otra cosa, nos sentamos a cenar en la estación del puerto, unos comiendo bocadillos de tortilla, otros tirados en el suelo intentando dormir y otros jugando a las cartas. Después de llamar a los padres, de preocuparlos un poco y de otra ronda de pestiños, asumimos que nuestro colchón sería sustituido por nuestro asiento del autobús, nos metimos en este a descansar o, al menos, a intentarlo hasta coger, por fin, el barco. Las cinco y media eran cuando nos dieron la deseada tarjeta de embarque. Cada uno se proporcionó su chute de biodramina y a las seis y cuarto, entre aplausos, el autobus se puso en marcha y recorrió el camino hasta el embarcadero, dándonos cuenta de que nuestro viaje comenzaba de verdad.
Nos instalamos en nuestras habitaciones y un ejército de zombis nos dirigimos a desayunar. Directos fuimos a la cama y a las nueve, mientras que unos nos poníamos el pijama y otros ya estaban en el quinto sueño, el barco por fin salió y notamos las camas temblar. Dormimos hasta la hora de comer, que si no fuera porque teníamos relojes, no hubieramos sabido si tocaba comer, cenar o desayunar. Los mareos empezaron a surgir después de comer, las horas han pasado y aquí estoy escribiendo esto a las ocho menos veinte de la tarde, feliz porque, a pesar de todo, sí que vamos a poder ir a la discoteca del barco esta noche. Continuará.

Andrea Prieto Pabón 1º Bach C

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