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STUDIENREISE NACH NÜRNBERG 2015

Jueves 17 de marzo de 2016

Martes 16 de junio
Después de no haber dormido por la noche, llegamos al aeropuerto de Málaga. Pasamos el control sin problemas excepto Alberto Pedrosa, que tuvo que abrir la mochila. La policía descubrió un alijo de cientos de gominolas sospechosas que, gracias a Dios, al final no fueron confiscadas. El sueño nos venció a todos en el avión.
Al llegar al aeropuerto de Nürnberg nos recibió un perro policía que se encaprichó con Marta, la olisqueó y tuvo que intervenir un policía (humano) para que la dejara en paz. En el aeropuerto nos recogió Esteban Cuya, responsable del departamento de Relaciones Internacionales del ayuntamiento de Nürnberg. Nos acompañó al albergue, donde pudimos dejar las maletas y nos invitó a un bollo con salchichas típicas de la ciudad. Luego nos contó algo sobre la historia de Nürnberg y por último nos invitó a comer en un restaurante.

Llegamos al albergue y tras repartir las habitaciones pudimos descansar un par de horas. A las 6:30 cuando algunos en España estaban con la merienda, nosotros ya estábamos cenando.

Nos dimos un paseo por los puentes sobre el río Pegnitz y nuestros alumnos cenaron otra vez a las 10 en un Macdonald’s. Tras un día agotador decidimos volver al albergue para descansar.

Miércoles 17 de junio

Por la mañana una guía turística nos fue explicando en alemán los monumentos más importantes de la ciudad. En la plaza del mercado se encuentra la iglesia de Nuestra Señora, en cuya fachada hay un reloj mecánico que a las 12 representa las reverencias que los 7 príncipes electores le hacían al emperador Enrique IV. En un paseo por la ciudad nos fue explicando episodios de la historia local. Luego subimos al castillo y en una torre vimos una especie de balconcillo suspendido en el vacío, cuya utilidad no pudieron adivinar los chicos, quedando sorprendidos al enterarse de que se trataba del excusado (vamos, del váter) de los soldados. Era una buena manera de ahorrarse paseos urgentes en caso de apretón. Más tarde vimos la fachada de la casa de Alberto Durero y allí nos despedimos de la guía.

Después de comer se lo pasaron como niños en el Museo de Juguetes. En un principio dudábamos de que les pudiera interesar, pero los tuvimos que sacar de allí a la fuerza, porque estaban jugando con juegos de principios del siglo pasado (sin enchufes, ni botoncitos, ni pantallitas).

Ya por la tarde tuvieron que realizar un Quiz entre los habitantes de la ciudad. Por parejas fueron a la caza y captura de incautos alemanes que se prestaron a responder preguntas sobre su propia ciudad. Los chicos tuvieron sus más y sus menos, porque no todo el mundo entendía el propósito de la actividad: gente muy simpática, otros indiferentes, algunos antipáticos, pero al fin y al cabo resultó una muy buena experiencia. El concurso lo ganaron Marta e Inés.

Jueves 18 de junio

Hoy el tiempo no nos ha acompañado mucho. Ha estado lloviendo durante toda la mañana, justo cuando hemos visitado el recinto de congresos del partido nazi. Hitler eligió Nürnberg como escenario para escenificar sus aires de grandeza al considerarla la joya del tercer Reich. El guía turísitico nos ofreció una extensa e interesante explicación sobre los distintos edificios que componen el complejo de congresos del partido nazi, donde se reunían a principios de septiembre los miembors del partido nazi venidos de toda Alemania y donde se escenificaba todo el poder de Hitler. Toda la explicación fue en alemán.

Después de despedirnos del guía turístico comimos a las puertas del Centro de Documentación, que los alumnos visitaron posteriormente con audioguías.

De regreso al albergue descansamos un rato y emprendimos una nueva actividad. Por parejas, los alumnos tenían que comprar un regalo con 10 euros que les facilitamos. Se trataba de que los chicos preguntaran en tiendas y consiguieran el regalo más original. Pusimos los regalos en común y ellos votaron el que más les gustó. Los ganadores fueron Luis Ballesteros y Carlos Monserrat (cochecito modelo años 60, decorado con florecitas hippies y autopropulsado). Los mejores clasificados, tanto del quiz como de esta última actividad, fueron eligiendo por turnos los regalos que más les gustaron, hasta quedar todos repartidos.

Esta noche el personal de la cocina se ha quedado impresionado del estómago sin fondo que tienen algunas chicos españoles, que han acabado con todos los filetes. Una vez terminada la hora de la cena les han llevado a su mesa un plato extra de filetes sin haberlo pedido.

Viernes19 de junio

Aunque amaneció nublado y con frío, no nos ha caído ni una gota de agua. Nos dirigimos a la estación para coger el primero de los tres trenes que nos llevarían a Rothenburg. Durante el trayecto nuestros dos Albertos entablaron conversación con una alemana, que se interesó por el motivo de la excursión. Tras hora y cuarto de viaje llegamos a Rothenburg, una pequeña ciudad que mantiene todo el sabor de la arquitectura medieval: su muralla, sus torres, sus casas con entramado de madera, sus leyendas...

Visitamos la mayor tienda de Navidad de toda Alemania (en dos palabras: im - presionante). Entrar en la tienda te transporta a un cuento navideño. Los chicos compraron algunos artículos. También probaron el dulce típico de Rothenburg (las bolas de nieve). Tras comer en un parque persiguiendo los pocos rayos de sol que había y desde donde se podía admirar una vista privilegiada del valle con la ciudad al fondo, subimos a la muralla y paseamos por ella durante una media hora, aunque solo recorrimos una pequeña parte.

Tuvimos que regresar, porque si no nos quedábamos sin cena, pero hubiera sido fantástico haberse quedado allí más tiempo y pasear por esas calles con casas de cuento.

Sábado 20 de junio

Volvió a amanecer lloviendo. Al darnos cuenta la noche anterior de que algunas habitaciones parecían auténticas leoneras, con el suelo sembrado de calcetines, aderezados con gusanitos y almendras machacadas, con las bolsas de plástico desperdigadas por el suelo, procedimos esta mañana a inspeccionarlasa antes de abandonar el albergue. Una vez comprobado que todas se encontraban en perfecto estado de revista, nos enfundamos los chubasqueros, cogimos los paraguas y nos fuimos a la calle. Paseamos por los jardines del castillo, subimos a la muralla y visitamos las iglesias de San Sebaldo y San Lorenzo. En esta última asistimos durante unos minutos al ensayo general de un concierto que iba a tener lugar por la noche y que iba a ser transmitido por la televisión pública alemana.

Ya en la calle fuimos asaltados por una señora gallega que llevaba casi toda su vida en Alemania y que pasó a relatárnosla con todo lujo de detalles. No sabíamos como zafarnos de ella y cuando lo conseguimos nos atrapó por detrás otra señora de Fuente Obejuna que aleccionó a nuestros chicos sobre lo que era y no era la buena educación y de lo malo que era llegar a casa de madrugada borrachos. Nosotros la observábamos ojipláticos y boquiabiertos sin saber si salir corriendo o salir huyendo. Optamos por lo segundo.

La venganza de la señora se plasmó en una tormenta repentinaque nos obligó a refugiarnos bajo la marquesina de una tienda. De allí corrimos a una boca del metro y nos dirigimos al Centro Español, donde se celebraba una fiesta cuya recaudación será destinada a comedores escolares de Córdoba. Como siempre, nos trataron extraordinariamente bien, nos invitaron a comer y pudimos ver grupos de flamenco, cuyos alumnos (casi ninguna español) aprenden a bailar en el mismo centro.

A las siete estábamos de vuelta, no fuera a ser que nos dejaran sin cena. Poco a poco nos vamos acostumbrando a este horario. El desapacible tiempo no invita a dar un paseo por la noche.

Domingo 21 de junio

Hoy el sía se complicó desde primera hora. Tocaba visitar Bamberg y habíamos citado a los alumnos, como cada día, a las nueve para desayunar y marcharnos inmediatamente a coger el tren. Pero un grupo de alumnos bajó 50 minutos tarde haciéndonos esperar para entregarles el picnic, con lo cual tuvimos que ir luego a la carrera. Pero el enfado no quedó ahí, pues antes de salir nos llamaron de la recepción para decirnos que de una de las habitaciones de los chicos del séptimo piso habían arrojado una caja de zumo. Normalmente, en una situación así nos habrían expulsado del albergue, como rezaban las normas que les leímos el primer día. Otro aviso significará la expulsión del albergue.

Llegamos a Bamberg y fuimos recibidos por la lluvia, que prácticamente no nos abandonó en toda la mañana. Los chicos tuvieron que preguntar y buscar información en la oficina de turismo: monumentos, lugares donde comer... Visitamos el casco antiguo, la catedral, el jardín del palacio del obispo, etc.

Siguió lloviendo durante la hora de la comida, con lo que algunos alumnos optaron por entrar en una pizzería, donde comieron, por ejemplo, un plato de espaguetti por tres euros. En la ciudad reinaba un magnífico ambiente, con grupos musicales tocando por las calles. Subimos hasta la abadía de San Miguel, desde donde se divisa una fantástica panorámica de la ciudad. Bajamos hasta el río, donde nos hicimos unas fotos en la Pequeña Venecia, una serie de casas edificadas en la orilla, muchas de ellas con su propio embarcadero.

¡Lo que da de sí un café expreso! Los chicos querían más leche y lo pidieron en alemán. El camarero les habló en italiano para terminar hablando español, afirmando que Érika, por su acento, no era española sino colombiana, cosa que tanto nosotros como la misma Érika desconocíamos. No sirvieron de nada las protestas de Érika: ella era colombiana, sí o sí.

Lunes 22 de junio
Día para olvidar. Que los estereotipos son malos, lo sabíamos, pero lo pudimos comprobar en nuestras propias carnes. En el desayuno se nos comunicó que deberíamos abandonar el albergue, puesto que según ellos, nuestros alumnos habían lanzado manzanas desde las ventanas. Por más que insitíamos en que no habíamos podido ser nosotros, puesto que en ese momento estábamos de excursión en la ciudad de Bamberg, no nos creían. Al final se nos "perdonó la vida", no sin antes decirnos que un grupo de habla española, especificando posteriormente que eran de Colombia, habían dejado las habitaciones muy sucias y que si nosotros hacíamos lo mismo, nos cobrarían 75 euros por habitación y que si hacíamos algún ruido, nos echarían del albergue aunque fueran las 12 de la noche.

A la mañana siguiente nos pidieron perdón. Supongo que comprobarían con las cámaras de seguridad lo que les habíamos dicho tantas veces. Además preguntaron entre los trabajadores del albergue y todos coincidían en que el grupo de Córdoba se habían portado muy bien.