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NUESTRO MANIFIESTO 25N

EL HOMBRE QUE QUIERO SER: LA REVOLUCIÓN QUE ESTÁ POR VENIR

Carlos Díaz, profesor de Filosofía

Miércoles 21 de noviembre de 2018

En este 25 de Noviembre de 2018, quiero proponerte que hagas una breve pausa en tu jornada, para llevar a cabo conmigo una pequeña reflexión sobre un asunto que tiene unas dimensiones enormemente grandes.
Hoy celebramos el Día Internacional contra la Violencia de Género. Es una fecha importante en nuestro calendario en la que las mujeres y los hombres que formamos parte de esta sociedad nos decimos a nosotros mismos que rechazamos la violencia que se sigue ejerciendo contra las mujeres. Nos lo decimos a nosotros mismos, y muy especialmente a aquellos hombres de entre nosotros que ejercen alguna forma de violencia contra las mujeres.
La violencia contra las mujeres está muy presente en nuestras vidas y es ejercida de distintas maneras en los diversos contextos en los que se desenvuelve nuestro día a día: en casa, en la calle, en el instituto, en el trabajo, en los lugares de ocio, etc. A veces es muy evidente, como cuando oímos en las noticias que una mujer ha muerto a manos de su pareja o ex pareja; pero otras veces se ejerce de una manera tan sutil que ni siquiera nos demos cuenta de ello. En esos casos, la violencia funciona como una especie de subsuelo que pisamos sin darnos cuenta siquiera de que lo estamos pisando. ¡Y tan sutil puede llegar a ser la violencia de género que incluso ocurre que hay mujeres que, paradójicamente, reproducen ellas mismas en sus comportamientos patrones de conducta machistas!
Todo esto hace que no resulte fácil poner fin a este problema y que siga siendo necesario seguir recordándonos, cada 25 de Noviembre, que la violencia contra las mujeres no ha desaparecido aún y que nos corresponde a todos hacer algo para acabar con ella.
Es verdad que, en lo que a la igualdad entre mujeres y hombres se refiere, hemos avanzado. Para apreciar esto, solo tienes que comparar las oportunidades académicas y laborales que tienen hoy día las nuevas generaciones de mujeres -tu hermana o tus compañeras de clase, sin ir más lejos- con las mucho más escasas o inexistentes que tuvieron las anteriores generaciones de mujeres –para no retrotraernos mucho en el tiempo, tu abuela, por ejemplo.
Pero que hayamos avanzado no significa que ya esté todo hecho. Al contrario, queda mucho por hacer. Y, en este sentido, creo que a nosotros, los hombres, nos corresponde realizar una tarea muy importante y necesaria, la de repensar qué significa para nosotros ser hombre, la de redefinir qué clase de hombre queremos ser, para luego traducir eso a una manera más igualitaria de relacionarnos con las mujeres y hombres que forman parte de nuestras vidas.
Lo que te propongo es algo así como una revolución, la única revolución que depende exclusivamente de cada uno de nosotros. Se trata de una revolución que no va de fuera hacia adentro, ni de arriba hacia abajo, sino de dentro hacia afuera; una revolución interior que debe llevar a cabo cada uno de nosotros, cada hombre individual, sea joven como tú o no tan joven como yo, y que empieza por cambiar el concepto mismo de lo que significa ser un hombre en una sociedad democrática como la nuestra. Los viejos modelos sobre cómo ser hombre o mujer ya no nos sirven. Necesitamos cambiarlos por otros nuevos, acordes con los nuevos tiempos.
En la medida en que realicemos de una manera verdaderamente honesta y sincera esa revolución interior, estaremos al mismo tiempo transformando la sociedad que nos rodea y de la que somos parte; esto es, estaremos llevando a cabo una especie de revolución exterior. Solo una verdadera revolución en el interior de cada uno de nosotros hará posible una auténtica revolución política, en un sentido amplio de la expresión.
Pero, no te asustes. No te estoy proponiendo salir a la calle a quemar coches o cosas así. Recuerda que hoy celebramos el Día Internacional contra la Violencia de Género. Por tanto, no tendría ningún sentido promover la violencia, ¿no crees? Además, yo soy de los que piensan que la violencia, independientemente del tipo que sea y del ámbito en el que se ejerza, no solo no resuelve los problemas, sino que siempre los acaba empeorando. La única revolución exterior de la que te estoy hablando es la que consiste en hacer desaparecer todas aquellas estructuras de poder que caracterizan a una sociedad patriarcal como la nuestra y que condenan a las mujeres a vivir en una situación de clara desventaja frente a los hombres, generando con ello situaciones profundamente injustas. Esas estructuras no solo dificultan o impiden el que las mujeres puedan realizar sus proyectos vitales, generando así un sufrimiento innecesario a las mujeres, sino que, al mismo tiempo, nos empobrecen a nosotros mismos como hombres, por lo que todos acabamos perdiendo de una u otra manera.
Piénsatelo. Merece la pena. Y empieza cambiando esos pequeños pero importantes detalles de tu comportamiento, los gestos cotidianos que definen tu manera de relacionarte con las mujeres y los hombres que forman parte de tu entorno. De esa manera, estarás contribuyendo a la realización del ideal de la doble revolución interior y exterior que te propongo.
¿Que no se te ocurre en qué sentidos puedes cambiar o qué quiere decir más concretamente eso del cambio del concepto mismo de ser hombre que te propongo? Pues, si me lo permites, aquí te dejo apuntadas algunas pistas, que te pueden ayudar a entenderlo mejor:
- Siéntete tú también responsable en las tareas de tu casa.
- Procura ser más empático con los demás y más conciliador.
- Expresa tus emociones y establece con las personas de tu entorno vínculos emocionales basados en la comprensión mutua y la ternura.
- Haz que se note tu rechazo de actitudes o comportamientos machistas que puedas detectar en otros chicos.
Me despido de ti. A partir de aquí, te toca a ti seguir reflexionando y profundizando en diálogo con tus compañeras y compañeros de clase en este asunto de la igualdad entre mujeres y hombres. Me despediría con música, que es lo que más me gusta en este mundo; con Malamente de Rosalía, por ejemplo, que es una canción que habla del querer mal entendido, de maltrato de un hombre a una mujer. Pero, como este formato no me lo permite, lo haré con esta cita de Carlos Edmundo de Ory, mi poeta preferido, que rezuma optimismo y confianza en nosotros mismos: “El hombre nunca es tarde”.
Gracias por tu atención,

Carlos Díaz (profesor de Filosofía)