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Trabajo realizado en Literatura Universal con María Penco

LAS MUJERES, QUE LEEN ,SON PELIGROSAS

EDWARD HOPPER. HABITACIÓN DE HOTES, 1933

Viernes 10 de mayo de 2019

HABITACIÓN DE HOTEL

Se ha dejado caer en el colchón triste de un hotel barato, en un barrio cualquiera de colores pobres, dentro de una ciudad cualquiera de gente cansada.
No ha deshecho el equipaje porque, en medio de su resignada lucidez, se ha dado cuenta de que es inútil intentar poner orden en un hogar provisional cuando aún no ha conseguido ponerlo en su cabeza, que lleva tanto tiempo dando abrigo a sus ideas.
En sus rodillas blancas descansa el diario que escribió meses atrás, y se siente tan ajena a las manos tersas que dieron vida a esas palabras dulces que se le antoja estar leyendo una historia, y así la lee, con la pasividad interesada de un espectador que se adentra en otro mundo de otro alguien.
Su voz baja y ronca recorre despacio las curvas de esas letras que está redescubriendo, y a cada palabra que asoma de sus labios el ritmo al que lee se vuelve más y más lento, porque la historia es tan triste que aunque ya sepa el final no quiere llegar a él.
Está sola en esa habitación de hotel, o casi: la presencia de ese diario que parece tener vida y de esas paredes que la ahogan es innegable.
Envolviéndolos a todos, a las paredes, al diario y a ella, el silencio y un secreto danzan de la mano. En un constante vaivén de pasos calculados, siguen danzando, danzan en el pleno sentido de la palabra, con todo lo que conlleva, amenazando con hacer del caos de esa habitación algo armonioso.
Y por lo bien que encajan, y como ninguno cesa, sé que se miran a los ojos.
El silencio y su secreto siguen bailando, y ella continúa leyendo en el colchón triste de un hotel barato, en un barrio cualquiera de colores pobres, dentro de una ciudad cualquiera de gente cansada.

Ana Castillo Vázquez 1º Bch A


OCHO DÍAS Y SIETE NOCHES

Su viaje había durado ocho días y siete noches.
Ocho días y siete noches desde que partió de su Macedonia natal.
Ocho días y siete noches habían pasado ya desde que Eleni recibió aquella inesperada nota de su madre.
Pero ahora se encontraba en la habitación de su hotel: no demasiado alegre, algo confusa, recordando los últimos ocho días y siete noches como un paisaje en la niebla, aún más confuso que la pequeña habitación de Manhattan en la que se encontraba.
Eleni se preguntaba si de verdad encontraría lo que buscaba sobre su familia tan lejos de su hogar. Pensaba en su casa. Ocho días y siete noches atrás sostenía la mano de su madre, que sabía que pronto no sería más que otra víctima del polvo del tiempo. Fue ella, en un último suspiro, la mensajera de tal noticia, esa misma que la había llevado hasta Nueva York.
Durante muchos años, multitud de días y noches imposibles de contar, Eleni había crecido con el amor de su madre, en la compañía de su tía y en la añoranza constante de su padre. Era joven cuando él se marchó, y estaba convencida de que era por esto por lo que ella no lograba encontrarlo entre sus recuerdos.
Pero, tras la muerte de su madre y tras recibir aquella dirección, que ahora miraba impasible entre sus manos, una imagen perdida regresó a su memoria:

- Eleni, ¿sabes cuánto dura el mañana? - le preguntaba su padre
- ¿El mañana? - contestaba ella confundida
- Sí, el mañana. Eleni, el mañana es…la eternidad y un día.

Era tarde, pero, tras ocho días y siete noches de espera, Eleni se vistió de nuevo y se dirigió a aquella dirección. Cambió su pequeña y confusa habitación por las frías y desconocidas calles de la Gran Manzana. Sumida en sus pensamientos, llegó a la calle apuntada. Parecía que la “ciudad que nunca duerme” se encontraba expectante y calmada aquella noche, ¿sería que esperaba al desenlace de su historia?
Decidió preguntar al portero, y se alegró de que lo conociera al instante.
- Debe ser el único nombre griego de la zona - pensó
- No se encuentra aquí en estos momentos, señorita, me dejó una nota diciendo que tenía unos asuntos que resolver fuera de la ciudad. Si la memoria no me falla, dijo que volvería mañana.
- ¿Mañana? ¿El mañana? - pensó Eleni en voz alta abrumada por el idioma y por sus propios recuerdos
- Mañana: la eternidad y un día - dijo una voz entrecortada a su espalda -

Marta Alonso Prados 1. BACH A


Tras más de veinte años sin pisar esa ciudad, me encontraba de nuevo en la misma habitación de hotel donde había vivido durante toda mi infancia. Este hotel se encontraba en un pequeño barrio de Brooklyn. Mi madre lo había comprado cuando sólo era un edificio destartalado, con el sueño de poder convertirlo algún día en uno de los hoteles más solicitados de la ciudad. Sin embargo, sus ambiciones se vieron truncadas al llegar yo, poco más de un año después, cuando ella simplemente lo había reformado y acababa de darlo a conocer. En cuanto llegué al mundo, mi madre se dedicó plenamente a mi cuidado, dejando totalmente apartada cualquier otra aspiración que tuviera. Acomodó una pequeña habitación en la planta alta del hotel, la cual ambas compartimos durante mi vida allí, y en donde ella siguió viviendo una vez me hube ido, decidida a cambiar totalmente mi vida, olvidando mi pasado, olvidándola a ella. A mi padre nunca lo conocí, ni siquiera sabía su nombre, pues no le gustaba hablar de él.
Pero en ese momento, sentada en la cama que durante tanto tiempo habíamos compartido, y releyendo el libro que ella me había regalado antes de partir, que era su favorito, me di cuenta de que me arrepentía de haberla abandonado, pero ya era demasiado tarde para lamentaciones. Dirigí mi mirada borrosa hacia la maleta que descansaba en una esquina del dormitorio, la cual contenía únicamente un sencillo vestido negro que debía usar el día siguiente.

María Luisa Roldán Fernández 1º BACH A


Memorias Impresas

Evitando la desafortunada
monotonía que es la misma vida,
demasiadas veces se nos olvida
esa primera rueda ya pasada.
Y si el presente ya no sabe a nada,
de él planificamos una huida,
mas si vemos el punto de partida
los recuerdos regresan en bandada.
Al contrario de lo que Mente opina,
el día a día no es el frío Polo
Norte, nostalgia me hace no perderlo.
Y al detenernos a sentir tan solo,
la rutina no es ya tan rutina.
Mis memorias impresas me hacen verlo.

Contexto: la chica llega al hotel después de un viaje improvisado debido al
estrés de la rutina. Al quitarse la ropa descubre un pequeño álbum de fotos
en un bolsillo de esta y, al observar las fotos, se da cuenta de que no había
sido tan monótona su vida, sino que no valoraba como debería los
momentos ya vividos.

Alejandro Ramírez Ruiz 1º BACH A