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Organizado por la Delegación de Igualdad de la Diputación de Córdoba

Gabriela Castillo Gil gana el 2º premio del IV Concurso de Dibujos y Relatos cortos "8 de marzo por la igualdad" 2019

Viernes 14 de junio de 2019

El jueves 13 de junio acompañamos, junto con su familia, a Gabriela Castillo Gil de 3º ESO C en la recogida del segundo premio de la categoría Juvenil (relatos), por el trabajo titulado "María en Quechua", del IV Concurso de Dibujos y Relatos cortos "8 de marzo por la igualdad" 2019, organizado por la Delegación de Igualdad de la Diputación de Córdoba.
Fue un acto muy emotivo en el que todos los premiados leyeron sus respectivos textos ante la Delegada de Igualdad de la Diputación de Córdoba, las componentes del jurado, algunos alcaldes y alcaldesas de pueblos de la provincia y el numeroso público allí presente.
Os dejamos, a continuación el relato premiado de Gabriela, un gran trabajo donde describe la realidad de mujeres procedentes de otras culturas.

"María en Quechua"

Nunca me he parado a pensar en lo afortunada que soy, no sólo por tener la vida que tengo, sino también por ser mujer. Ser libre, y poder hacer lo que desee, elegir mi propio camino, y poder ser una de las tantas voces que defienden a las mujeres y sus derechos, pero sobre todo, por poder pensar y gritar lo orgullosa que estoy de ellas, de tantas mujeres como María.
Ella vive en un pueblo, podrían definir, casi invisible en el mapa de la sierra de Perú, y sin embargo, es una mujer con mayúsculas. Se atrevió a salir por primera vez de su casa de adobe, de su terrenito donde siembra patatas, y dejar a su marido y familia al cuidado de sus hijos pequeños, para venir a Córdoba, a contarnos lo que hacen las mujeres en su comunidad.
Ellas han decidido sembrar otro tipo de papas, de colores, azules, rojas y moradas, que luego se convierten en patatas chips que los europeos comemos. Pero han sabido hacerlo unidas, y en equipo, para hacer ver que les tienen que pagar un precio justo por su trabajo. Y cuando vino, habló con su valiente voz y su mirada confiada, de todo lo que hacen en su pueblo, con orgullo y también con agradecimiento por reconocer su trabajo. En estos pocos días que ha estado aquí, ya echaba de menos a sus hijos, pero se atrevió a dar un paso al frente y representar, tan lejos de su casa, en otro continente, lo que las mujeres son capaces de hacer. Piensa como una mujer del siglo XXI, pregunta mucho porque quiere lo mejor para su hija, pero con la presencia de una mujer andina, con trenzas, sombrero y poncho, que viste con orgullo mientras todos la miran con sorpresa, pero también con admiración por ser ella misma. No lleva vaqueros, ni camiseta, ni zapatos como los de las mujeres de aquí. Viste una falda de muchísimos colores, un jersey de piel gruesa y no muy suave, y debajo de su sombrero, su pelo está recogido en dos largas trenzas y debajo, veo su cara de piel oscura como el chocolate.
Debo luchar por mis objetivos, por llegar a ser más de lo que me imagino, como le ha ocurrido a María. No hay que tener miedo ni vergüenza de ser quienes somos. Trabajamos duro para llegar a donde queramos y mucho más. No deberíamos sentirnos inferiores ni dejar que nos lo hagan sentir, no deberíamos dejar que nuestros sueños huyan, sino luchar para que se hagan realidad.
El otro día conocí a María, orgullosa de ser quien es pero sobre todo, de ser mujer. Ella no es como las demás, tiene una historia en quechua.