Ir al comienzo de página

I.E.S. Séneca Consejería de Educación  
Usuarios registrados  

Cudeiro - San Cristobal de Cea

Etapa uno

Domingo 21 de marzo de 2010

Fotografias

19 DE MARZO. CUDEIRO-CEA

Cronica de D. José García Romero

Caminos, senderos, antiguas calzadas. Cuatrocientos andaluces por tierras gallegas hacia Santiago. El IES Séneca de Córdoba, una vez más, se inmiscuye en una actividad multidisciplinar que necesita la colaboración de muchos, de todos, y se rige por D. José Luna, Director, y D. Antonio Bravo, Jefe de estudios, cuyos impulsos nos coordinan.

Tras doce horas de autobús nocturno, partimos de Cudeiro, en la periferia de Ourense. Un chaparrón de aquí te espero nos recibe con un desayuno caliente y reconfortante. Mal augurio de lluvia para una larga marcha de siete días a veinte kilómetros diarios. Falsa alarma. La temperatura media, ideal; el paisaje rural, tan distinto al nuestro, y unas nubes piadosas que, más que castigarnos, nos ambientan con cuatro gotas perdidas, imprescindibles para hacer verde a unas lomas plagadas de robles, unas huertas de altas coles y unas casas ornadas con camelias arborescentes hinchadas de flores insultantes de color.

El camino, supuestamente, sigue una calzada romana de la que no se percibe el menor rastro pero, como la más grata sorpresa, nos encontramos un puentecito sobre el río Muiño de factura atractiva por su tamaño coqueto, al par que soberbio, por la usual piedra berroqueña, emblemática de Galicia. Sobre un arco de medio punto, perfil en lomo de burro, pretil decorado en sus extremos con volutas y rematado con esferas, lleva una cartela que certifica la impronta de Carlos III y su inauguración en 1758.

Sorprende tanta obra de cantería en casas incluso de apariencia humilde. Hórreos, petos de ánimas, chimeneas con forma de airosas torres y casas solariegas blasonadas nos sorprenden al paso. Agua, arroyos, fuentes, charcas, salamandras de vivos colores, tojos, brezos en flor y, antes de anochecer, ya llegamos a Cea, afamada por su pan horneado con leña.

Trasiego de maletas, mochilas, sacos de dormir desplegados en el parqué del polideportivo. Una ducha, una cena y el descanso merecido para continuar al día siguiente.

Cronica de Gema Rodas Cuevas 2º ESO B

Primer día (19-03-2010).

Tras varias horas de intenso viaje en autobús (algunos durmieron, otros cantaron y otros que simplemente no durmieron) llegamos a Cudeiro, un pueblo de Ourense donde tras caminar bajo la continua lluvia, nos sirvieron el desayuno. Quizás si no hubiera estado lloviendo, podríamos haber disfrutado de un pequeño picnic al aire libre, pero tan solo pudimos guarnecernos de la lluvia e intentar que no se nos empapara la comida.

Queridos padres, nos hubiera gustado que estuvierais presentes, y así haber visto la diferencia de nuestra organización en casa y aquí en Santiago. Seguro que ya no nos tacharíais de desorganizados.

Después de desayunar nos dieron la famosa “Compostela”, en la que nos irían sellando hasta llegar a Santiago, nuestra meta.
Estuvimos caminando con intermitentes momento de lluvia, que nos importunó un tanto, mas esto no nos paró, pues el espíritu del Séneca es más fuerte que eso.

En el camino nos encontramos bastante barro, aunque por suerte pudimos salir “impunes” de este contratiempo. Cuando el cansancio y el hambre nos iba haciendo suya, llegamos a un pequeño pueblecito en el que almorzamos tranquilamente mientras íbamos a que nos pusieran el segundo sello. Más tarde anduvimos con cortas paradas para reposar, pues pese al entretenimiento general por parte de todos, el descanso siempre viene bien. Tan solo al atardecer fue cuando divisamos el polideportivo, al que llegamos exhaustos. Nos instalamos en él y llegaron los turnos de ducha. En ellas, gracias al compañerismo pudimos ducharnos con agua caliente. Cenamos y comentamos nuestra primera etapa en El Camino, y a pesar de muchos momentos de ánimo bajo, todo el mundo había disfrutado. Don Antonio Bravo nos dio instrucciones a la hora de descansar, y después de eso todo el mundo cayó rendido en su respectivo saco, habiendo culminado así nuestra primera etapa.