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Comentario Crítico

"Lo que dejé por ti": Rafael Alberti

Comentario realizado

Jueves 3 de abril de 2014

TEXTO
 
LO QUE DEJÉ POR TI
 
Dejé por ti mis bosques, mi perdida
 
arboleda, mis perros desvelados,
 
mis capitales años desterrados
 
hasta casi el invierno de la vida.
 
Dejé un temblor, dejé una sacudida,
 
un resplandor de fuegos no apagados,
 
dejé mi sombra en los desesperados
 
ojos sangrantes de la despedida.
 
Dejé palomas tristes sobre un río,
 
caballos sobre el sol de las arenas,
 
dejé de oler la mar, dejé de verte.
 
Dejé por ti todo lo que era mío.
 
Dame tú, Roma, a cambio de mis penas,
 
tanto como dejé para tenerte.
 
R. Alberti, Roma, peligro para caminantes .

El texto que comentamos pertenece a Rafael Alberti, a su obra Roma, peligro para caminantes. Este poeta andaluz, componente de la Generación del 27, desarrolló una trayectoria muy completa: la poesía de vanguardia, la poesía neopopular, la poesía gongorina, la poesía social y política, la poesía del destierro en la que se inserta el poema.

Se trata de un texto literario ya que su finalidad es esencialmente estética o poética, es decir, crear extrañeza en el lector a través del contenido y de la forma del mensaje. No presenta una finalidad práctica. El lenguaje es puramente connotativo (“dejé palomas tristes sobre un río”) y plurisignificativo, abierto a la interpretación del propio lector. Pertenece al género lírico, pues el autor expresa en primera persona sus sentimientos, ideas, las sensaciones más íntimas, respecto al tema del destierro y de todo aquello que ha ido dejando a lo largo de su vida.

Alberti elige la estructura clásica del soneto para expresar un tema de hondas resonancias literarias: el de la añoranza del paraíso perdido. Después de la guerra civil sufrió un largo exilio en distintos países como Argentina o Italia, de igual forma que muchos otros españoles. Por tanto, su vida fue un continuo abandono de elementos esenciales; así, Alberti adopta un tono suavemente reivindicativo para pedir a la ciudad de Roma algo de imposible cumplimiento.

El paralelismo articula las cuatro estrofas, ya que aparece en el primer verso de cada una:

v. 1 y v. 12 “Dejé por ti…"

v. 5 y v. 9 “Dejé un temblor…” , “Dejé palomas…”

El verbo “dejé” en primera persona de singular del pretérito indefinido expresa la directa implicación del autor en el mensaje, el intimismo, la subjetividad, con notas de biografismo.

El poeta enumera diversos sintagmas nominales yuxtapuestos entre sí que detallan todo aquello que ha dejado; aquí notamos también la implicación del yo poético en el determinante posesivo de primera persona “mi”, “mis”.

Alude a su infancia: “mis bosques”, “mi perdida arboleda”, “mis perros desvelados”; su juventud: “mis capitales años”, y su madurez: “casi en el invierno de la vida”.

En el segundo cuarteto enumera elementos de significado metafórico que sugieren sufrimientos, frustración: “una sacudida”, “un resplandor de fuegos no apagados”.

En el primer terceto cita elementos sin concreción alguna y, por tanto, su capacidad de sugestión es más intensa: “palomas tristes sobre un río”, “caballos sobre el sol de las arenas”.

Termina el terceto con una bimembración:”dejé de oler la mar, dejé de verte”, donde el verbo dejar adquiere un uso diferente a los anteriores, ya que se trata de una perífrasis aspectual terminativa. Cita “la mar” en alusión a su infancia y a una segunda persona “verte” indeterminada, que adquiere un importante protagonismo en los sentimientos del poeta.

El primer verso del último terceto cohesiona todo el texto: “Dejé por ti todo lo que era mío…”. El pronombre indefinido “todo” presenta un valor anafórico que resume todos los elementos citados anteriormente.

Por último, el autor expresa abiertamente la finalidad de su mensaje: una petición a la ciudad de Roma y una compensación justa a tanto sufrimiento.

Al final conocemos que todo lo enumerado no es más que “penas”, palabra que asume también de forma connotativa lo dicho con anterioridad.

La expresión comparativa “tanto como dejé” manifiesta este mismo valor anafórico intensificado.

Se trata, por tanto, de un texto perfectamente cohesionado, sencillo en su forma, bien estructurado, que expresa abiertamente las emociones y sentimientos personales de un hombre en una circunstancia concreta.

Rafael Alberti, ya en su madurez, aún en el exilio, comunica lo que tantos otros escritores de su propia generación expresaron de forma magistral (Luis Cernuda, Pedro Salinas, Jorge Guillén…). Es la poesía del exilio, en la que cada poeta se manifiesta con su tono y personalidad propia, con notas biográficas, sin duda alguna.