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Prosa narrativa. Novela realista. 1884

TORMENTO, Benito Pérez Galdós

Sábado 11 de diciembre de 2010

Publicación, obras relacionadas y temática

Benito Pérez Galdós
Benito Pérez Galdós (1843-1920) publicó Tormento en 1884. Esta obra pertenece al periodo de las llamadas "Novelas Contemporáneas", escritas entre 1881 y 1890, década de plenitud del autor canario: La desheredada (1881); El amigo manso (1882); El doctor Centeno (1883); La de Bringas (1884); Lo prohibido (1884-85) y Fortunata y Jacinta (1886-87).

La crítica coincide en señalar que estas novelas forman un mundo acabado, casi cerrado, donde las vidas de los personajes, las voces narrativas, los temas y los elementos simbólicos se entrelazan y repiten en ecos constantes hasta dar la sensación, efectivamente, de un territorio coherente, estable, autónomo, que se explica y se desenvuelve por sí mismo, que postula su razón de ser, su biografía espiritual y social, y también su agotamiento.

Tormento suele considerarse la segunda parte de un tríptico que compondrían El doctor Centeno, la obra citada y La de Bringas. La degeneración moral en la que se complace la familia de Francisco de Bringas no es más que la metáfora privada de otra enfermedad pública, de hechura histórica, la carcoma del sistema monárquico isabelino. Galdós escribe sobre la España de la que es contemporáneo, escribe, por lo tanto, sobre el presente, para denunciar el cinismo, la hipocresía y la crueldad de las clases medias, y en ellas las de aquellos que viven por encima de sus posibilidades, apeteciendo un lujo insensato, despreciando por contra los negocios y el trabajo, pero adorando, al fin, al dios dinero.

Historia y estética. Composición y características literarias

El trasfondo histórico de este momento creativo de Galdós es el fracaso de la "Gloriosa", el proceso revolucionario que en 1868 mandó al exilio a la reina Isabel II y que, mediante una constitución democrática, intentó reformar las estructuras del país y poner en pie un régimen político liberal. Sin embargo, este sueño modernizador (que tan intensamente había defendido Galdós en sus novelas de juventud) se quiebra -tras varias fórmulas políticas profundamente inestables- debido a las disensiones internas entre los grupos políticos que la promovieron; a la presión de los grupos tradicionalistas y moderados; a la indiferencia de gran parte de los sectores populares hacia esta revolución liberal, sectores que poco a poco se decantan por otras opciones políticas (cantonalismo, anarquismo y socialismo); pero, sobre todo, a la incompetencia e invalidez moral y económica de las clases medias para galvanizar tal proyecto reformista. En 1874, a través de un pronunciamiento militar, la monarquía borbónica -en la figura de Alfonso XII, hijo de Isabel II- vuelve al trono. Comienza La Restauración.

Un lustro después de estos acontecimientos, Galdós, que hasta entonces se había mostrado como un liberal beligerante, convencido y optimista, sufre un intenso desencanto. Sin renunciar a sus ideales, defendiendo siempre lo que considera más honrado y justo, defendiendo una actitud de fortaleza moral y dinamismo intelectual y social contra el estancamiento y la abulia, contra la hipocresía y el cinismo, ahora, desde que publica su novela La desheredada (1881), Galdós modera su ideario político pero, por contra, cobra una actitud de escepticismo irónico ante la realidad que va a presentar y estudiar en sus novelas. [Dcha: fotograma de la película Tormento, dirigida por Pedro Olea en 1974]

La primera consecuencia estética de esta coyuntura biográfica e histórica es la asimilación "al modo español" del naturalismo francés. Galdós no sigue dogmáticamente a Zola: ni incorpora la crudeza análitica de los ambientes ni tampoco el determinismo fisiológico ni mucho menos la crítica social y política de tintes socialistas y anarquistas que se desprenden de la denuncia moral y la descripción de lo miserable y lo aberrante en el mundo del trabajo y de la marginalidad. El naturalismo de Galdós se postula como una estética de conciliación, la cual yuxtapone los principios del positivismo y los de la filosofía espiritualista y reformista del krausismo español. En otras palabras, en el naturalismo de Galdós vamos a encontrar el estudio patológico, de raíz naturalista, acerca del comportamiento humano y de las enfermedades que aquejan a la sociedad, pero siempre sin ceder al mecanicismo e impersonalismo documental de Zola; del mismo modo, el desvelamiento de la corrupción social se centra exclusivamente en la clase media madrileña, a la que Galdós pertenece y desde la cual los trabajadores y el lumpen, sencillamente, no existen, son entes rigurosamente invisibles. Hay aquí una convicción residual en Galdós que es difícil de encontrar en el Zola naturalista: si la burguesía española, la pequeña burguesía urbana española, fuera capaz de regenerarse, esto produciría la curación de cuerpo social en su conjunto.

Los cambios literarios que van asociados a esta reubicación estética e ideológica son decisivos y otorgan a la obra de Galdós una riqueza temática y formal extraordinaria. Saliendo del aislamiento cultural del país, sobreponiéndose a una prosa romántica que, salvo excepciones (Larra, por ejemplo), solo supo traducir y copiar, estas novelas contemporáneas de Galdós producen, alumbran, en verdad, "la" novela contemporánea española, conectándola por primera vez con las estéticas dominantes europeas, proyectándola en la mejor tradición narrativa del idioma (El Quijote y la picaresca) y prefigurando el horizonte de recepción de los narradores españoles de la primera mitad del s. XX. [Izqda: fotograma de la película Tormento]

Siguiendo al profesor Joan Oleza (La novela del siglo XIX. Del parto a la crisis de una ideología, Barcelona, Laia, 1984), vemos que en ellas se desvanecen las tesis, los esquemas ideológicos preconcebidos o sobreimpuestos, y los personajes como símbolos abstractos. La acción es más simple, se reduce y estiliza, toma un ritmo más pausado y, sobre todo, se interioriza, es decir, pasa a ocurrir progresivamente dentro de los personajes, que cobran cada vez más importancia por sí mismos. La omnisciencia pura se abandona en favor de un narrador testigo o personaje que se introduce en la novela a la altura de sus personajes, sin dejar de emplear el humor y la ironía de raigambre cervantina.

Las historias (como ocurre en Tormento) son narradas por dos o más personajes, de forma que surge un perspectivismo que sirve para enriquecer la mirada del lector y diluir completamente el didactismo o la tendenciosidad del mensaje. Además, las historias vinculan simbólicamente los dramas de las vidas privadas con los personajes y acontecimientos históricos, de forma que establecen un diálogo lleno de connotaciones culturales, sociológicas, políticas e incluso metaliterarias, en especial, en la interrogación que se hace el autor por las relaciones de lo real y lo ficticio, cuyo equilibrio siempre le inquietó y que en las novelas de este periodo queda ficcionalizada en personajes como José Ido del Sagrario o en la parodia de la literatura folletinesca que subyace a toda la novela. La impostura y las vanas quimeras de la vida anónima de la familia De Bringas es simétrica al mundo de figurones ilusorios, pagados de sí mismos, que menudean por la corte isabelina.

Por primera vez, perfectamente analizados, aparecen en las novelas de Galdós, los personajes problemáticos, individuos que chocan contra los valores de la sociedad y que interiorizan ese choque. No los había en su primera época porque entonces cada individuo representaba a un tipo o tendencia social con el que se identificaba. Ahora aparecen estos personajes (por ejemplo, "Tormeto", Refugio o Agustín Caballero en Tormento), quienes, forzados a chocar contra las convenciones y normas sociales, responden con actitudes individuales llenas de contradicciones y de ambigüedades, llenas de zonas de luz y de sombra, actitudes que resultan al lector profundamente humanas por verosímiles.

Antes de que se zambulla en las novelas de su última época, este Galdós de la década 80-90 parece decirnos que fuera de la sociedad (y para Galdós la sociedad es la clase media) solo existe el abismo, la locura, la anarquía.



Ana Belén era Amparo y Paco Rabal, Agustín Caballero en la versión cinematográfica (dirigida por Pedro Olea en 1974): ver aquí la secuencia en que Caballero muestra a Tormento su elegante casa y la escena final de la película


Aquí (1, 2 y 3) una biografía de Galdós, realizada para radio por el periodista Juan Antonio Cebrián.

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