Ir al comienzo de página

I.E.S. Séneca Consejería de Educación  
Usuarios registrados  

Teatro. Comedia barroca. 1636

LA VIDA ES SUEÑO, Pedro Calderón de la Barca

Martes 1ro de marzo de 2011

BIOGRAFÍA Y CONTEXTO HISTÓRICO

Pedro Calderón de la Barca

Pedro Calderón de la Barca nació en Madrid (1600), en el seno de una familia de hidalgos tradicionales y severos. Estudió en el Colegio Imperial de los jesuitas y luego en Alcalá de Henares y Salamanca, pero se negó a seguir la carrera eclesiástica. Desde muy temprano se dedica al teatro (a los 23 años estrena sus primeras comedias). Felipe IV lo puso al frente de los espectáculos palaciegos a partir de 1635. La muerte de un hermano, unos amores oscuros o ciertas vicisitudes familiares y personales ensombrecieron su carácter y lo encerraron en una desconsolada soledad hasta que se ordena sacerdote en 1651. Durante unos años, vivió retirado en Toledo como sacerdote. Siguió escribiendo, pero sólo para cumplir los encargos de Palacio. El rey le nombra su sacerdote de honor y le hace volver a Madrid, donde muere en 1681.

Por su dilatado recorrido vital, por la estratégica situación histórica que le tocó vivir y por la variedad de registros de su excepcional obra teatral, Calderón de la Barca sintetiza el magnífico pero también contradictorio siglo XVII, el más complicado de la historia española. Testigo de tres reinados (el de Felipe III, el de Felipe IV y el de Carlos II) vivió la Europa del pacifismo, la Europa de la Guerra de los Treinta Años y la del nuevo orden internacional, simultáneo al lento declinar de la monarquía. Es decir, el Siglo de Oro de las letras y de las artes, que fue también el siglo de barro y de crisis que habría de definir después Ortega y Gasset como el del aislamiento de España.

Descendiente de una mediana hidalguía de burócratas, Calderón conjugó el vitalismo popular con la matemática depurada y exacta de la clase oficial de la que fue cronista e intérprete y, a su modo, también conciencia crítica. Se educó en ese pensamiento oficial, pasó por la carrera militar y recaló en el estado eclesiástico, aunque su biografía (más discreta, menos volcada a la extroversión íntima de Lope) revela también actitudes nada condescendientes, a veces, con su contexto histórico y vital. Pero sobre todo, revela al humanista tardío y al enciclopédico preilustrado que alcanzó a conocer aún el lejano magisterio de Cervantes, que convivió con Velázquez (convirtiendo muchas veces en teatro lo que éste retrató) y que fue contemporáneo, entre otros, de Góngora, Quevedo, Gracián, Kepler, Monteverdi, Hobbes, Pascal, Descartes, Espinoza, Hobbes y Locke.

El teatro y la persuasión retórica a él inherente, la lógica y la escolástica, el agustinismo preexistencialista, la historia profana y canónica, el derecho natural y político fueron el bagaje intelectual con el que se enfrentó a la creación literaria (en la que probó suerte primero como poeta de certámenes y justas) y a la fascinación que debió producirle la "comedia nueva" de Lope que por entonces triunfaba en los corrales madrileños del Príncipe y de la Cruz.

La llegada al trono de Felipe IV y el ascenso del valido Conde Duque de Olivares en 1621 supone la llegada de una nueva época que persiguió, frente al pacifismo de Lerma, la recuperación de una política agresiva que insiste en la afirmación de España como potencia. Este período de reformismo interior y de deseo de independencia frente a la hegemonía del pensamiento burgués del norte de Europa, que habría de culminar hacia 1640, supone también el del imparable ascenso creativo de Calderón, la definitiva superación de la generación lopista y su consagración en el orden artístico y social. Escribe comedias cortesanas como Amor, honor y poder (su primera obra de éxito, estrenada en 1623 con motivo de la visita a Madrid de Carlos, el Príncipe de Gales); comedias de enredo o de capa y espada como La dama duende o Casa con dos puertas; dramas de celebración oficialista como El sitio de Breda (que a su vez inmortalizará Velázquez en Las lanzas); tragedias como El príncipe constante; o de personajes de exaltado individualismo como Luis Pérez el Gallego y La devoción de la cruz.

Entre 1630 y 1640 Calderón se convierte ya en un clásico de su tiempo. Es la década prodigiosa de El Tuzaní de las Alpujarras, que cuenta la épica sublevación de los moriscos frente al absolutismo militar de Felipe II; la década de las grandes tragedias bíblicas como Los cabellos de Absalón, y del honor como El médico de su honra o El pintor de su deshonra. Es también la década en que el debate entre individuo y poder, honor estamental y virtud personal alcanzan la perfección del canon en El alcalde de Zalamea. La década en la que una gran parábola de la ambición del conocimiento y del amor se ofrece envuelta, en El mágico prodigioso, dentro de la fantasía de una comedia de santos. La obra cumbre de este período (quizá de toda su dramaturgia) es la que aquí se va a analizar, La vida es sueño. A sus 30 años, ya conocido por su ingenio y agudeza para la escritura dramática, Calderón -sabemos- pudo haberse enfrentado enérgicamente a la figura paterna y polemizó con las autoridades. La sociedad española que conoció se debatía entre la resistencia a abandonar los fastos de un pasado feudal-sacralizado y un presente donde la corte se llenaba de política y nuevas clases sociales y donde el imperio se desvelaba cada vez más arruinado por las continuas guerras, los conflictos religiosos y raciales y la rígida ideología. Reflejando estos aspectos, veremos cómo La vida es sueño, estrenada en 1636, presenta un mundo familiar, social y político marcado por la inestabilidad y el conflicto, y por la necesidad de una política de Dios, es decir, de un principio ex-machina (la interpretación alegórica "a lo divino" del mundo) que consiga anticipar el desorden y resolver los conflictos.

Al mismo tiempo, durante esta etapa Calderón, de la mano de Olivares, entra en palacio para producir sus primeras obras cortesanas y dirigir las representaciones teatrales. Ya en 1634 el dramaturgo escribe el auto sacramental El nuevo Palacio del Retiro, con seguridad encargo expreso del Valido para rememorar la edificación del emblemático Real Sitio del poder, donde comenzarán a representarse espectáculos de gran alcance escenográfico y coral como El mayor encanto Amor. Tales servicios al rey se verán recompensados en 1636 cuando reciba de Felipe IV el hábito de Caballero de la Orden de Santiago.

LA VIDA ES SUEÑO

ARGUMENTO Y TEMÁTICAS

• El punto de partida es el del libre albedrío, cuestión que enfrentaba a teólogos y filósofos: ¿en qué medida puede decirse que el hombre es libre, si Dios ya sabe de antemano cuál va a ser su destino? Por otro lado, ¿puede un hombre vencer las inclinaciones con que le ha marcado la naturaleza? Basilio, basado en un sueño y en un horóscopo, cree saber el funesto destino que los cielos (o la naturaleza) han trazado para Segismundo. Al tratar de neutralizarlo, niega implícitamente la libertad de éste. Más adelante duda, y somete a su hijo a una prueba. Pero Segismundo se muestra como un ser feroz: ¿se cumple el destino?, ¿no ha sido Basilio responsable de ello? El desarrollo de la obra, sin embargo, probará que el hombre es libre y capaz de vencer sus más poderosas inclinaciones.

• La comparación de la vida con un sueño se relaciona, como sabemos, con el tema de la apariencia y la realidad, y, en definitiva con el sentimiento de la inconsistencia de la vida.

Esta base argumental se despliega en diversos motivos temáticos: el amor (como uno de los ejes principales de la obra, juntando a los personajes principales y dando tono de amor y desamor: Rosaura-Astolfo-Estrella, Segismundo-Rosaura, padre-hijo/a...); la autoridad (el rey Basilio es el que más desarrolla este concepto llevándolo al extremo con su hijo Segismundo. A pesar de esto, durante el transcurso de la obra el sentimiento de padre prevalecerá sobre del de autoridad.); los conflictos familiares (en la doble relación Basilio-Segismundo y Clotaldo-Rosaura.); la predestinación (los astros influyen en Segismundo, por lo que su padre toma la drástica decisión de encerrarlo, de privarle de su juventud, de negarle la educación que debe un príncipe...); la legitimidad del poder o la tiranía (Basilio no quiere a Segismundo como legítimo rey para librar a su pueblo de una persona tirana e injusta. Esto lo hace ilegalmente ya que el derecho de los príncipes proviene de Dios.); y el honor (Clotaldo debe actuar contra su hija Rosaura por su lealtad al rey. Después contra Astolfo para lavar el honor de su hija.)

A estos temas deberíamos añadir el tono humorístico, la distancia irónica de Clarín (por su forma de ser en general, los atuendos, las intervenciones con doble sentido, juegos...) y la de Segismundo con la inocencia y frescura de muchos de sus gestos.

ESTRUCTURA

En el teatro calderoniano predomina la unidad de acción. La vida es sueño es una notable excepción: presenta una doble trama: 1ª La historia de Segismundo: su prisión, la prueba a que es sometido, su nuevo encierro, su liberación, su "conversión"; 2ª La historia de Rosaura: su llegada a Polonia para reparar su honor, las zozobras de Clotaldo al descubrir que es su hija, etc.

Ciertos críticos han defendido la unidad de la obra. He aquí algunos de sus argumentos: a) Ciertos personajes se hallan implicados en las dos tramas: Clotaldo, Astolfo y Clarín; b) Las desdichas de Segismundo y de Rosaura son paralelas y similares en cuanto exigen una "restitución" a la auténtica naturaleza del personaje. La presencia de Rosaura ante Segismundo en los tres actos, y en circunstancias tan diversas, es un lazo entre los diversos "sueños" del príncipe; ello acrecienta la perplejidad de éste sobre lo que le acontece.

Se ha puesto de relieve el papel que desempeña Rosaura en la "conversión" de Segismundo. El protagonista, prendado de aquella, deberá vencer su inclinación, para erguirse en defensor del honor de Rosaura. Sería Rosaura quien proporcionara a Segismundo el motivo más decisivo -y de mayor eficacia teatral- para su superación moral y su victoria sobre el destino.

CARACTERIZACIÓN DE LOS PERSONAJES

• Calderón construye personajes esquemáticos, de carácter simbólico. Más que "carácteres" (con vida individual y propia) encontraremos "tipos", es decir, personajes representativos de las posturas exigidas por el desarrollo de las ideas y de los conflictos. Casi son "piezas" de un juego dramático.

• Así, Segismundo encarna la lucha entre las violentas inclinaciones "naturales" y los imperativos de la moral, a la vez que representa lo incierto dl vivir humano. Calderón le ha dado la dimensión de un mito, más que la consistencia de un carácter. Rosaura muestra toda la vehemencia que cabía poner en la defensa del honor, pero carece de la vibración humana de las enamoradas de Lope o de Tirso. Cierta densidad humana tiene Clotaldo, debatiéndose a lo largo de la obra entre la lealtad al rey y sus deberes como padre. Los demás personajes -Basilio, Estrella, Astolfo- no pasan de ser esas piezas que Calderón necesita para su juego teatral: son criaturas convencionales, de las que sólo interesaba la función que había de desempeñar en la trama. Clarín, es un gracioso de cierta originalidad: ciertos rasgos lo emparentan con un pícaro.

RESUMEN

Jornada primera

Rosaura (joven dama, vestida de hombre) ha sido derribada por el caballo que montaba. Clarín (su criado) y ella, que acaban de llegar a Polonia, se hallan “a pie, solos, perdidos” en un monte fragoso. Se lamenta Rosaura de su infortunado destino. Anochece. Divisan una torre al pie de un monte, oculta entre la espesura y las rocas, a oscuras, y se aproximan. Encuentran allí a un ser extraño: encadenado y vestido con pieles está Segismundo. Sin saber que lo están escuchando, Segismundo, privado de libertad desde que nació, pronuncia un dolorido soliloquio en que interroga al cielo una y otra vez acerca de su miserable situación. Estas palabras mueven a Rosaura a la piedad y el temor. AQUÍ PARA VER la jornada primera, vs. 102-453 [1]

Cuando Segismundo descubre a los extraños (antes ha confundido su presencia con la de Clotaldo, la única persona a la que ha visto en su vida), prende a Rosaura del brazo, decidido, en un primer momento, a matarla porque esta ha descubierto su miserable estado (sus “flaquezas”), pero, enseguida, al escucharla respetuosa y cortés y al contemplar su rostro sereno [tengamos en cuenta que su aspecto es de hombre], se confunde y emociona hasta el punto de -adivinando en su figura a una mujer- sentirse atraído por ella. Rosaura, que no creía hubiera en el mundo alguien más desdichado que ella, lo consuela, y cuando va a contarle sus penalidades, es interrumpida por Clotaldo que llega, acompañado de guardias, a la torre.

Clotaldo se lamenta del error de los centinelas por no detectar la presencia de extraños y (tras embozarse para no ser identificado) comunica a Rosaura y Clarín que, según las órdenes del rey, nadie debía conocer la existencia de la torre clandestina; por consiguiente, ha de ejecutarlos o entregarlos al monarca. Segismundo protesta iracundo en favor de los extranjeros. Clotaldo le responde que no presuma de rabia ni de las tropelías que "quisiera" hacer porque es precisamente esa naturaleza exaltada lo que lo mantiene encerrado desde su nacimiento. Manda Clotaldo desarmar a los dos detenidos y cubrirles los ojos.

Cuando recibe la espada de manos de Rosaura (la cual se declara noble), descubre dos cosas que lo sumen en el sufrimiento y la duda: primera, Rosaura puede ser su "hijo", porque él conoce perfectamente esa espada. Clotaldo se la había regalado, tiempo ha, a una tal Violante (con la que inferimos mantuvo una relación amorosa en un país lejano) como salvoconducto para que el hijo o hija de ambos la mostrara en Polonia en caso de necesitar auxilio. Deducimos inmediatamente que Rosaura es hija ilegítima pues Clotaldo ni se casó con la tal Violante ni reconoció su paternidad. De hecho, Rosaura le dice que la espada encierra un misterio pues quien se la entregó le confesó que era propiedad de un noble polaco del que se negó a dar el nombre. Segunda, Rosaura ha llegado a Polonia persiguiendo venganza porque ha sufrido un "agravio" (o deshonra). Lo cual significa que –si Rosaura es su "hijo"– también Clotaldo ha sido deshonrado, agraviado, y, por tanto, ha de ayudarlo a limpiarla (o repararla) CONTINÚA VIENDO la jornada primera y segunda, vs. 453-1194 [2]. Con el alma repleta de dudas y miedo, Clotaldo decide conducirlos a palacio para consultar al rey.

Mientras, en la corte, Astolfo, duque de Moscovia, se declara a Estrella, su prima (y sobrina como él del rey Basilio): Astolfo le recuerda que ambos son parientes de sangre azul -él, hijo de Recisunda (que vive en Moscovia), y ella, de Clorilene, la hermana mayor, ya difunta. [3]. Astolfo justifica el derecho que tienen al trono y cómo ese matrimonio abriría la posibilidad de reconstituir el antiguo imperio (unión de Polonia y el Ducado de Moscovia). Basilio se ha manifestado además favorable a este matrimonio. Pero algo falla: Estrella no se fía de Astolfo [4] porque dice amarla pero lleva el retrato de otra prendido del cuello.

Cuando él va a darle explicaciones, los interrumpe Basilio, quien, ante la corte, anuncia que va a revelar un secreto extraordinario. Primero recuerda a todo el mundo que es un sabio y reputado astrólogo capaz de interpretar la vida y el futuro de los seres humanos a través del la posición y movimientos de planetas y signos del zodíaco. A continuación confiesa que hace tiempo tuvo un hijo, cuyo nacimiento vino precedido de las peores profecías [5]: ya la madre (Clorilene), antes del parto, soñó que de las entrañas le nacía un monstruo con forma de víbora que la mataba. La criatura (de nombre Segismundo) fue a nacer un día de eclipse en que “los cielos se oscurecieron, / temblaron los edificios, / llovieron piedras las nubes, / corrieron sangre los ríos”. La madre muere, efectivamente, en el parto, y Basilio, estudiando las estrellas, vaticina que Segismundo puede convertirse en “el hombre más atrevido, / el príncipe más crüel / y el monarca más impío", y el reino en "escuela de las traiciones / y academia de los vicios", hasta el punto de rebelarse contra su propio padre, humillarlo y arrebatarle el poder. Esa es la razón por la que mandó encerrar a Segismundo (de quien se publicó que había nacido muerto) en una torre en medio del monte, custodiado y educado exclusivamente por Clotaldo.

Según Basilio, esta decisión 1) libró a Polonia de la tiranía, pero 2) al mismo tiempo, la dejó sin príncipe natural, o sea, sin príncipe heredero, y 3) fue un error por “dar crédito fácilmente / a los sucesos previstos” sin confiar en el libre “albedrío” de Segismundo y en su capacidad para superar los augurios y comportarse correctamente. Por eso Basilio ha tomado la decisión de traer al príncipe cautivo a la corte y probar su comportamiento como rey, eso sí, “sin que él sepa que es mi hijo / y rey vuestro”. Con esto Basilio cree resolver los problemas anteriores: si todo va bien, Polonia tendrá su rey natural; si, en cambio, Segismundo, “soberbio, osado, atrevido / y crüel, con rienda suelta / corre el campo de sus vicios, / habré yo, piadoso, entonces / con mi obligación cumplido; / y luego en desposeerle / haré como rey invicto, / siendo el volverle a la cárcel / no crueldad, sino castigo”. Y por último nombrará reyes a Astolfo y Estrella, ya unidos en matrimonio. Todos acatan complacidos el plan del rey.

Poco después, Clotaldo llega al palacio con Rosaura y Clarín, y explica al rey lo ocurrido no sin expresarle sus inquietudes. El rey las disipa: ya no hay motivo para matar a nadie pues ya ha revelado la existencia de su hijo a toda la corte, de modo que Rosaura y Clarín son perdonados. Agradece Rosaura a Clotaldo lo que ha hecho por ella y este le pregunta por el motivo del agravio. Rosaura (que mantiene su aspecto de hombre) acaba por confesarle que fue el Duque Astolfo quien la mancilló. Clotaldo no acaba de entender la situación y le dice que regrese a su tierra pues es imposible esa tal deshonra, pero entonces ella se declara mujer, y Clotaldo vuelve a tener motivos de grave preocupación.

Jornada segunda

Clotaldo le cuenta a Basilio todo lo que ha hecho para trasladar a Segismundo desde la torre a la corte: primero preparó el narcótico (un opiáceo, mezcla de opio, adormidera y beleño). Clotaldo habla por extenso de las hierbas y de cómo se pueden extraer remedios y utilidades de todas ellas. Después se dirigió a la torre donde entabló conversación con Segismundo acerca de un tema cualquiera de los que sabe que a este le interesan. Para esta ocasión, escoge el vuelo majestuoso de un águila real, “reina de las aves”, asunto que de inmediato irrita a Segismundo al compararse con aquella. Aprovecha entonces Clotaldo para brindar con Segismundo. El narcótico hace efecto y el príncipe, dormido, es trasladado, en coche, hasta el dormitorio de Basilio en palacio, todo el servicio prevenido para el instante en que despierte.

Terminado el relato, pregunta Clotaldo a Basilio las razones que lo empujan a actuar así: Basilio repite que las estrellas pronosticaron desdichas y tragedias para Segismundo y el reino, pero desea hacer una prueba a las propias estrellas: si el príncipe sabe sujetar su propia naturaleza y obra correctamente, reinará; si no, volverá a prisión. La prueba ha de realizarse bajo la ilusión de un sueño para que, si Segismundo tiene que regresar finalmente a la cárcel, tenga consuelo cierto, pues vivirá en la ignorancia de quien es realmente. Si volviera a prisión convencido de que todo lo sucedido ha sido verdad y de que él es el príncipe heredero, el dolor del desengaño sería insoportable. Clotaldo le dice al rey que cree que se equivoca, pero la conversación se corta porque está despertando el príncipe. Basilio se retira. En ese instante Clotaldo se encuentra con Clarín (que se ha colado en las estancias reales para fisgonear). Clarín se queja de que Rosaura ya viste de señora (Clotaldo lo aprueba porque seguir disfrazada de hombre sería desvergüenza); se queja además de que se hace pasar por sobrina de Clotaldo y sirve como dama a Estrella (lo cual aplaude Clotaldo pues así la protege y espera la oportunidad de limpiar el honor de la dama), mientras él sigue “muriendo de hambre”, lo que lo obliga a chantajear a Clotaldo con contar lo que sabe al rey, a Astolfo y Estrella. Clotaldo, enseguida, lo nombra miembro de su servicio.

Segismundo aparece rodeado de criados. Duda acerca de la extraordinaria experiencia que está viviendo, inclinándose a pensar que todo es verdad. Clotaldo disipa sus incertidumbres y, como le encomendó el rey, le explica las razones de su desdichada vida (que su prisión se debió al destino escrito en las estrellas), le descubre que es el príncipe heredero de Polonia, pero que, a pesar de todo, tendrá que ‘vencer’ al destino. Le anuncia por último que el rey Basilio va a venir a visitarlo. Segismundo reacciona violentamente: está a punto de asesinar a Clotaldo, el traidor que ha consentido tal injusticia… Clotaldo se ve obligado a huir ayudado por un criado. Al otro criado, que se ha atrevido a justificar el comportamiento de Clotaldo (se limitó a obedecer a su rey), lo amenaza por 1ª vez. Se presenta entonces Astolfo a Segismundo como primo carnal. Discuten porque Astolfo considera que no ha sido saludado con la adecuada cortesía. Segismundo, molesto porque el primo no se ha quitado el sombrero en su presencia, lo desprecia con palabras y gestos inadecuados. El mismo criado de antes le recrimina la conducta y lo pone sobre aviso de que el trato entre nobles es de igual a igual y de que los “grandes” (nobles de alta alcurnia) pueden permanecer cubiertos ante la realeza. Pero Segismundo no admite bien las palabras del criado y vuelve a amenazarlo.

Entra Estrella, presentada como su prima, y Segismundo (deslumbrado por su belleza) se propasa al solicitar de ella que le ofrezca la mano para besarla (elocuente insinuación de otras intenciones). El criado le afea la incorrección por ser Estrella quien es y por encontrarse presente Astolfo. Segismundo monta en cólera y, ante la sorpresa de los demás, se lleva por la fuerza al criado y lo arroja por la ventana. Astolfo le aconseja que sopese despacio las “acciones severas” (actos duros en el trato o castigo), pues se pueden volver en su contra (al comportarse como fiera y no como hombre, puede terminar en una jaula y no en un palacio), pero Segismundo no atiende y también a él lo amenaza de muerte.

Cuando el rey llega a abrazar a su hijo, se encuentra con todo lo sucedido. Discuten. Basilio le reprende por el asesinato que ha cometido y le recuerda que está actuando como las estrellas habían pronosticado. Segismundo, que tampoco ha saludado como es debido al padre, no se arredra, y lo acusa, colérico, de haberlo tratado tiránicamente, con rigor e ingratitud, quitándole la posibilidad de manifestarse como un hombre y de haberlo convertido en una fiera. Basilio, profundamente dolido como padre y rey, le advierte de que sea “humilde y blando / porque quizás estás soñando / aunque ves que estás despierto”. Nueva amonestación que desdeña el príncipe, convencido –se dice a sí mismo– de estar bien despierto y, por tanto, de disfrutar definitivamente del estado y naturaleza que le corresponden por nacimiento (príncipe heredero), muy que le pese al padre.

Aparece entonces Rosaura (que llega buscando a Estrella). Está temerosa, no obstante, de toparse con Astolfo, a quien Clotaldo le ha dicho que evite. Al mismo tiempo, Segismundo y Clarín conversan: la belleza femenina, la mujer, es la única cosa que verdaderamente le ha llamado la atención del mundo que acaba de conocer, pues de todo lo otro, estaba al menos avisado. En ese instante, Segismundo y Rosaura se reconocen con sorpresa, y este vuelve a quedar prendado de ella.

La llama, pero ella se excusa y desea obstinadamente retirarse, cosa que acaba por irritar al príncipe, quien pasa de cortés a grosero y la amenaza con arrojar su honor “por la ventana”. Mientras, Clotaldo (que acaba de llegar con la orden de reducir de nuevo al príncipe y devolverlo a la torre) no sabe cómo actuar ante la amenaza que sufre Rosaura. Ella, valerosa, insulta a Segismundo (“atrevido, inhumano, / crüel, soberbio, bárbaro y tirano, / nacido entre las fieras”), quien, ofendido y vehemente, decide abusar de ella. Se interpone Clotaldo, aconsejándole ser “más apacible, si reinar deseas; / y no, por verte ya de todos dueño, / seas crüel, porque quizá es un sueño”. El príncipe, fuera de sí, saca la espada para matarlo, pero entonces Clotaldo mismo lo detiene (sujetándole la empuñadura de la espada y arrodillándose a la vez). Segismundo se lanza sobre este y se traban en una pelea mientras Rosaura huye pidiendo ayuda. Llega Astolfo que se interpone entre el príncipe y el ayo. Para proteger al anciano entabla duelo con Segismundo, quien se dispone también a saldar las cuentas pendientes con el primo. CONTINÚA VIENDO la jornada segunda, vs. 1194-1699 [6]. La aparición de Basilio los obliga a envainar las armas, no sin que Segismundo amenace otra vez a su propio padre.

Pero Basilio ya ha tomado la decisión de devolverlo a la torre. Cuando se retiran Segismundo, Basilio y Clotaldo, quedan en conversación Astolfo y Estrella. Ella vuelve a reprocharle que lleve de colgante el retrato de otra, y Astolfo marcha a buscar el retrato (no sin excusarse, para sus adentros, con Rosaura) para entregárselo a Estrella y que así cesen las suspicacias. Regresa entonces Rosaura y Estrella, que la tiene en gran aprecio, le cuenta el secreto y le solicita que tome ella el retrato que va a traer Astolfo.
Marcha Estrella y regresa Astolfo: sorpresa de Astolfo ante Rosaura. Discuten enfadosamente por el retrato. Estrella los sorprende enzarzados. Rosaura, para salir del paso y no verse perjudicada, inventa que Astolfo ha recogido del suelo un retrato que se le acaba de caer a ella, y que ahora se niega a devolvérselo. Estrella comprueba que, efectivamente, el retrato representa a la misma Rosaura, así que todavía espera el ‘otro’ retrato, que, lógicamente, Astolfo ni tiene ni puede conseguir. Estrella, indignada, llama a Astolfo “villano y grosero amante”.

Entre tanto, Clotaldo ha trasladado a Segismundo a la torre, y también a Clarín (a quien encierra porque conoce demasiados secretos de la corte). Segismundo recobra el sentido tras el efecto del narcótico. Cree haber tenido un largo sueño, cosa que Clotaldo corrobora mencionándole la conversación del águila, la última que habían mantenido. Basilio, que presencia escondido la escena, se marcha emocionado, casi llorando, al oír las palabras en que el príncipe relata el sueño que ha creído vivir. Segismundo, ahora completamente desengañado, reflexiona en otro famoso monólogo [7] sobre las apariencias del mundo y el sentido auténtico de la vida, sueño real de cualquier persona, sea cual sea su condición, aunque en apariencia crea estar viviendo.

Jornada tercera

Clarín aparece encerrado en la torre. Se queja de estar muriendo de hambre, sólo acompañado por arañas y ratones. Explica que está preso por haber permanecido en silencio, cuando tenía que haber ‘cantado’ como hacen todos los criados, y más si se llaman "Clarín". Entran entonces dos soldados. Clarín los oye y piensa que vienen a liberarlo. Los soldados lo confunden con Segismundo. Le explican que el vulgo se niega a aceptar un rey extranjero (Astolfo) sabiendo que lo tiene natural. El pueblo se ha alzado contra Basilio quien mantiene prisionero a su hijo, temeroso de que si este reina se cumplan las más terribles premoniciones. Aclaman a Segismundo (Clarín) como rey. Clarín sigue el juego y se burla de los soldados hasta que aparece el verdadero príncipe y aclara el embrollo. CONTINÚA VIENDO la jornada segunda y tercera, vs. 1699-2276 [8]. Un soldado le dice que el pueblo quiere liberarlo para que reine en lugar de Astolfo.

Sin embargo, Segismundo es ahora un hombre ‘desengañado’, y así, advertido íntimamente de la posibilidad de estar viviendo un sueño y de que todo poder es transitorio, se resiste, en principio, a seguir la rebelión; pero, al fin, acepta ponerse al frente del ejército: “yo os agradezco / la lealtad; en mí lleváis / quien os libre, osado y diestro, / de extranjera esclavitud”, y anuncia que pronto verá a su padre arrodillado ante él. Clotalto va a la torre y descubre que Segismundo ha sido liberado. Se arrodilla y le rinde vasallaje como príncipe. Sabe perfectamente que el príncipe puede mandar que lo ejecuten (recordemos que en la corte a punto estuvo de hacerlo). Sin embargo, Segismundo reacciona como no podía imaginar Clotaldo. Le pide que se levante y lo abraza diciéndole que ha decidido obrar siempre bien sea en la vida real o en los sueños. Entonces Clotaldo solicita permiso para marchar al servicio de su señor verdadero, Basilio, y Segismundo –tras contener un ataque de ira contra el viejo ayo– se lo permite.

Clotaldo vuelve a la corte e informa a Basilio del complot popular y la liberación de su hijo. Astolfo y Estrella deciden apoyar al rey y luchar contra el ejército del príncipe. También en la corte se encuentran Rosaura y Clotaldo. Esta exige que Clotaldo, como había prometido, defienda su honor perdido matando a Astolfo. Pero esto -le responde Clotaldo- no puede hacerlo porque fue Astolfo quien, en palacio, lo libró de la muerte a manos de Segismundo. Por el contrario, le propone a Rosaura que ingrese en un convento, cosa que esta rechaza furiosa, dispuesta a matar ella misma a Astolfo.

Rosaura entonces huye de la corte y se presenta ante Segismundo que, sorprendido, vuelve a sentirse atraído por ella. Ella cuenta al príncipe, abreviadamente, la historia de su vida y sus penalidades, y le pide que la ayude a limpiar su honra. Segismundo la escucha con atención y entonces cae en la cuenta de que lo vivido por él en la corte no fue un sueño sino verdad. Por un momento, Segismundo siente la tentación de aprovecharse de Rosaura (sola y desvalida ante él), pero recapacita y domina nuevamente sus instintos. Decide, como buen príncipe, ayudarla, lo mismo que ella le da a él su apoyo en la batalla. Mientras, Clarín, se esconde entre unas peñas para ver mejor el combate que se avecina.

Cuando la batalla da a su fin y el ejército de Basilio ha sido derrotado, Clarín recibe un balazo casual y muere. Basilio es testigo de esta muerte y entonces recapacita en lo dudoso de los hados, en la fuerza incontrolable del destino, por encima de cualquier cálculo astrológico. Astolfo aconseja a Basilio huir, pero el rey prefiere entregarse a su hijo, convencido de que el destino acabará cumpliéndose. Entra Segismundo, vencedor, y Basilio se arrodilla ante él; pero entonces el príncipe da muestras de ser un hombre completamente nuevo: no solo contiene (o domina) sus instintos violentos (o sea, que sabe vencerse a sí mismo), sino que actúa como un político magnánimo y justo. Explica ante todos que el horror que ha vivido el reino se debe a que Basilio se equivocó al educarlo como si fuera una bestia, fiándose del destino escrito en las estrellas, sin darle la oportunidad de hacerse un hombre de verdad y aprender a dominar sus instintos. Pero también reconoce que él, al rebelarse contra el poder de Basilio, ha actuado indebidamente, por lo que se arrodilla ante el padre y pide que lo castigue. Basilio, maravillado de la transformación experimentada por el hijo, lo reconoce como nuevo rey de Polonia.

Desde este instante, Segismundo toma las primeras decisiones de su reinado: 1º) manda que Astolfo y Rosaura se casen (con lo cual, renuncia a su amor pero repara la honra de la dama). Astolfo, de primeras, se quiere negar porque dice que Rosaura no es noble, pero entonces interviene Clotaldo para anunciar ante toda la corte que Rosaura es su hija y que, por tanto, pueden emparejarse pues ambos pertenecen a la nobleza; 2º) él se casará con su prima Estrella, nueva reina de Polonia CONTINÚA VIENDO la jornada tercera, vs. 2276-3289 [9]; 3º) se reconcilia amistosamente con Clotaldo por haber servido bien a su rey natural, Basilio, y 4º) condena a cadena perpetua al soldado que lo liberó e inició la revuelta por consideralo “traidor” a su rey verdadero (Basilio). Todos se admiran de la inteligencia y prudencia que demuestra el nuevo rey. S. contesta que siempre hay que actuar como si la felicidad humana fuera un sueño, atento siempre a que podemos despertar de él y hallarnos ante la cruda verdad de la vida.TERMINA DE VER la jornada tercera, vs. 3289-3319 (fin) [10]

titre documents joints

Notas

[1Según versión de La vida es sueño, 1968. Estudio 1-RTVE. Reparto: Julio Núñez como Segismundo; Fiorella Faltoyano como Rosaura; Víctor Fuentes como Clarín; José Mª Caffarel como Clotaldo; Víctor Valverde como Astolfo; Julio Gorostegui como Rey Basilio; Mercedes Barranco como Estrella

[2Según versión de La vida es sueño, 1968. Estudio 1-RTVE

[3Clorilene, el nombre de la reina, esposa de Basilio, coincide con el nombre de la hermana del rey, madre de Estrella. A primera vista parece que son dos personas diferentes, dado que si Segismundo y Estrella fuesen hijos de la misma madre, no podrían casarse, por ser medio-hermanos, y sin embargo, se casan al final de la comedia. En cambio, no se debe olvidar que esta Polonia -la Polonia de la comedia, naturalmente- no es un país católico, sino un Estado pagano en que rige la ley natural, la cual permite el matrimonio entre hermanos, cuánto más entre medio hermanos. Las dos Clorilenes -sabemos- han fallecido ya al empezar la obra: la madre de Estrella porque se encuentra ahora en mejor Imperio y la de Segismundo, porque éste, al nacer, le causó la muerte. Además, la madre de Estrella fue emperatriz (o sea, esposa de rey o emperador), porque si ahora, difunta, se dice que "en mejor Imperio dosel de luceros tiene", es que antes, en peor Imperio, tenía dosel que no era de luceros. Y Segismundo, por su parte, tiene sueños de grandeza imperial cuando Clotaldo, en sus doctas enseñanzas al Príncipe prisionero, le pone, como término de comparación, el vuelo caudaloso del águila.

[4Primera jornada, vs 495–509. La actriz Angels Bassas recita a Estrella

[5Primera jornada, vs 660–704. El actor Carlos Álvarez recita al rey Basilio

[6Según versión de La vida es sueño, 1968. Estudio 1-RTVE

[7Segunda jornada, vs 2148-2187. El actor Joaquín Notario recita a Segismundo

[8Según versión de La vida es sueño, 1968. Estudio 1-RTVE

[9Según versión de La vida es sueño, 1968. Estudio 1-RTVE

[10Según versión de La vida es sueño, 1968. Estudio 1-RTVE