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Teatro. Crimen y misterio. 1952.

LA RATONERA, Agatha Christie

Idioma original, inglés.

Domingo 20 de febrero de 2011

Biografía

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Agatha Christie

¿La mejor receta para la novela policiaca? El detective no debe saber nunca más que el lector. Agatha Christie

AGATHA CHRISTIE nació el 15 de septiembre de 1891 en Torquay (Gran Bretaña). Hija menor del matrimonio de Fred Miller y Clara Boehmer. De niña tuvo un carácter tímido y retraído, y rechazaba sus muñecas para jugar con amigos imaginarios. Su padre, que era rentista y se pasaba el día jugando a las cartas, murió cuando ella tenía once años, dejando a su mujer e hijos en bancarrota.

Durante la I Guerra Mundial trabajó como enfermera en un hospital, de donde sacó la inspiración para escribir una historia policial cuya víctima moría envenenada. La novela fue El misterioso caso de Styles (1920), y con ella inaguró su carrera como escritora. Se casó el 24 de diciembre de 1914 con Archibald Christie, pero se divorciaron en 1928 cuando la abandonó para irse con su secretaria. Ésto, unido a la muerte de su madre, le causó una gran crisis nerviosa que dio lugar a una amnesia. En una noche de diciembre del año 1926, apareció su coche abandonado cerca de la carretera, pero no había rastro de ella. Sobre el suceso se hicieron muchas especulaciones. Apareció once días más tarde en un hotel de la playa registrada con el apellido de la amante de su marido. Al no saber quién era publicó una carta en un periódico para ver si alguien la reconocía, pero como firmó con otro apellido nadie lo hizo. Afortunadamente su familia la encontró y pudo recuperarse de este golpe con tratamiento psiquiátrico.

Dos años después, durante un viaje por Oriente Próximo, se encontró con el prestigioso arqueólogo inglés Max Mallowan. Se unieron en matrimonio ese año, y desde entonces acompañó a su marido en sus visitas anuales a Irak y Siria. Utilizó estos viajes como material para algunas de sus obras. En 1971 fue condecorada con la Orden del Imperio Británico. Falleció en el año 1976. Su vida sigue siendo hoy una fuente constante de sorpresas y curiosidades

La obra de Agatha Christie en la tradición de la novela policíaca

Agatha Christie es considerada como una de las más grandes autoras de crimen y misterio de la literatura universal. Publicó más de ochenta obras entre novelas y obras de teatro, amén de un abundante número de cuentos. Su obra enlaza con la tradición de la llamada novela negra o policíaca.

En el argot literario la novela policiaca es un "conjunto de obras literarias, cinematográficas, televisivas, etc., cuyo tema es la búsqueda del culpable de un delito o de varios delitos". La novela policiaca es un género literario que nació en el siglo XIX, como resultado de una época eminentemente industrial y urbana. Efectivamente, Edgar Allan Poe fue el precursor de este género con sus cuentos protagonizados por el inspector Dupin. Alcanza su máximo auge con la escuela anglosajona , con las novelas de sir Arthur Conan Doyle, creador de Sherlock Holmes, y con Gilbert Keith Chesterton, creador del padre Brown, un sacerdote investigador.

En Francia tiene su cuna el elegante e inasible Arsenio Lupín, creado por Maurice Leblanc, y los escritores Allain y Souvestre dieron vida a la popular serie Fantomas. El desarrollo de la prensa sensacionalista, particularmente en U.S.A., ha dado mayor difusión al género. Destacan entre los escritores más notables de este género, además de Agatha Christie, Georges Simenon (creador del inspector Maigret), Willian Irish, Chester Himes, Mickey Spillane (creador del detective Mike Hammer), Edgar Wallace, James Hadley Chase, Erle Stanley Gardner, John Le Carré y James Cain.

Desde los años 40-50, la novela policiaca dio cabida a argumentos de motivación social. Esta línea, más realista y escéptica, más ácida, donde el bien y el mal conviven en un clima de descreimiento e ironía, fue iniciada por novelistas americanos como Raymond Chandler, creador del detective Philip Marlowe, y Dashiell Hammett. También importantes son las novelas de los franceses Pierre Boileau y Thomas Narcojac, y de la americana Patricia Highsmith. Esta renovación narrativa desplaza la pregunta de quién es el asesino y la sustituye por la del porqué y el cómo. El género ha atraído también a escritores importantes en otros campos de la narrativa, como el británico Graham Greene, el francés Alain Robbe-Grillet, el español Manuel Vázquez Montalbán (creador de Pepe Carvalho) y los argentinos Adolfo Bioy Casares y Jorge Luis Borges.

Agatha Christie comenzó a publicar novelas durante la década de los 20. En ellas aparecen ya sus dos investigadores más renombrados: Hercules Poirot y Miss Marple. Al igual que le ocurrió a Sir Arthur Conan Doyle con el personaje del investigador Sherlock Holmes, también Agatha Christie se cansó de Poirot. En los años 30 dejó escrito en su diario que encontraba a Poirot "insufrible", y en la década de los 60 dijo que era "un pelota egocéntrico." Sin embargo, a diferencia de Conan Doyle, Christie resistió la tentación de matar a su detective cuando todavía era popular. Ella se veía como un artista cuyo trabajo consistía en producir aquello que gustaba a los lectores, que, desde luego, adoraban al Poirot. Con la señora Marple la cosa era diferente: Agatha Christie siempre sintió simpatía por este personaje, aunque no por ello le dedicó más novelas que a Poirot. El público quería a Poirot y Agatha Christie lo hizo protagonista de muchísimos más libros que a la señora Marple. Tampoco los unió en ninguna historia porque, según declaró la autora, “A Hércules Poirot, un completo egoísta, no le hubiera gustado que una anciana solterona se metiera en sus asuntos o le sugiriera cosas”.

En cierta ocasión Agatha Christie explicó a un crítico que ella escribía cada libro del tirón, hasta el último capítulo, y, ya terminado, decidía quién era el sospechoso más inverosímil. Entonces volvía atrás y hacía los cambios pertinentes para enmarcar a este personaje según las exigencias de la intriga. Sin embargo, esta sorprendente declaración no se sostiene si se procede a un análisis detallado de la estructura interna de sus cuentos y novelas.

Las novelas de A. Christie están ambientadas en las esferas privadas de las clases altas de la sociedad británica de la primera mitad del siglo XX, un periodo posvictoriano sacudido por las dos guerras mundiales. Su punto de referencia inicial fue, desde luego, el Sherlock Holmes de Conan Doyle, a quien imitó al principio de su obra para ir buscando un camino propio ya entrada la década de los 30. Por lo general, el detective o bien se tropieza con el asesinato o es bien es llamado por un viejo conocido, que va a estar de alguna manera involucrado en el hecho. El detective interroga, poco a poco, a cada sospechoso; examina la escena del crimen y toma notas de cada pista, de forma que los lectores son copartícipes del proceso de averiguación, y pueden formular sus propias suposiciones acerca del quién y cómo perpetró el crimen. Después, llegados a la mitad de la historia o al último capítulo o acto, suele morir uno de los sospechosos, a menudo porque ha deducido casualmente la identidad del asesino y alguien decide callarlo para siempre. No obstante, en unas cuantas de sus novelas, encontramos varias víctimas. Por último, el detective organiza una reunión con todos los sospechosos y, con precisión matemática, explica quién de ellos es el asesino y cómo ejecutó el crimen. Al mismo tiempo, desvela secretos relacionados con los móviles de los asesinatos. A este esquema narrativo se le ha llamado “trama de la habitación cerrada”.

Los asesinatos de Agatha Christie son casi siempre muy ingeniosos, y se basan en complicados elementos de engaño. Las historias de esta autora también son famosos por la atmósfera de tensión y por el intenso suspense psicológico, conseguidos a partir del ritmo deliberadamente lento de su prosa. En dos novelas resulta que el mismo narrador –un personaje de escasa confianza– es el asesino; en otras cinco, la autora permite que el asesino escape a la justicia e implícitamente casi aprueba de sus crímenes, y en bastantes casos, el asesino no es llevado ante la justicia en el sentido jurídico, sino que es ejecutado (con ejemplaridad simbólica) en el mismo lugar donde se ha desarrollado la trama. No es infrecuente que los detectives implicados sean cómplices de esta clase de desenlace. En realidad, el planteamiento último es que hay una justicia ética, moral, natural que cristaliza sin contradicción alguna en cada crimen resuelto. Como dice el profesor Manuel Valle, para Christie la familia es un estado en continua guerra civil por la propiedad, de ahí el asesinato: bien sea la propiedad material, el dinero básicamente; bien sea el sexo, esto es, la propiedad de la persona que desea o que es codiciada, no importa si hombre o mujer.

Frente a otras técnicas narrativas, A. Christie era escrupulosa en jugar limpio con el lector, ofreciéndole toda la información para resolver el problema. La prosa detectivesca de Agatha Christie se basa en lo que en inglés se denomina el whodunit (“Who done it?”, ¿quién lo hizo?), es decir, la estructura típica de rompecabezas que tanto éxito ha tenido dentro del género policíaco, y que permite al lector ensayar hipótesis y casar piezas, hasta adivinar la identidad del culpable antes de acabar la lectura del relato. Por lo general la investigación suele ser realizada por un excéntrico detective, unas veces aficionado, otras, profesional.

Críticos y novelistas, entre los que se cuentan muchos autores españoles, han visto en Agatha Christie a la maestra del suspense, la trama y la caracterización de personajes. Sin embargo, también ha tenido sus detractores, por ejemplo, el gran novelista estadounidense Raymond Chandler. Lo común de estas críticas remiten a la ausencia de contradicciones y ambigüedades éticas y de problemáticas íntimas en los personajes de la autora inglesa; el hecho de que su mundo de ficción sea tan perfiladamente cerrado y maniqueo, racionalmente tan puro y vitalmente tan vacuo. Cierta crítica ha censurado las posiciones políticas conservadoras de nuestra novelista, especialmente, el antisemitismo que traslucen algunas de sus novelas hasta los años 50.

Las adaptaciones al cine de su obra se cuentan por decenas. Entre su obras teatrales destacan La ratonera, representada en Londres ininterrumpidamente desde 1952, y Testigo de cargo (1953), esta llevada al cine en 1957 por Billy Wilder y protagonizada por Charles Laughton, Marlene Dietrich y Tyrone Power. Además de ser escritora detectivesca, Agatha Christie escribió 6 novelas románticas bajo el pseudónimo Mary Westmacott y un libro de poemas.

La ratonera

La ratonera (en inglés The Mousetrap) fue escrita por Agatha Christie en 1952. Se estrenó el 6 de octubre de 1952 en Londres con gran éxito. Está dividida en dos actos: el primero presenta dos escenas. Toda la historia transcurre en la sala principal de la casa de hospedaje de Monkswell Manor, ubicada en las afueras de Londres y ambientada en la década de los 40. Ocho personas se ven obligadas a permanecer encerradas en una pensión debido a una gran nevada que los ha dejado completamente incomunicados. Entre ellos hay un policía, pero también un criminal que quiere vengar un oscuro episodio de su pasado relacionado con casi todos ellos.

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Versión española de "La ratonera"

En 1947, cuando la radiodifusora BBC le preguntó a la Reina María, abuela de la actual Isabel II, qué deseaba para su 80 cumpleaños, la reina respondió: "quisiera una pieza teatral de Agatha Christie". A los tres meses, la BBC ofrecía una nueva pieza de misterio escrita por Agatha Christie, titulada "Tres Ratones Ciegos". El éxito del programa decidió a la autora a ampliar la trama y hacerla más teatral, de modo que "Los Tres Ratones Ciegos" se transformaron en "La Ratonera".

La ratonera es la obra con más representaciones sin interrupción de todos los tiempos. En cartel desde su estreno en el teatro Ambassadors de Londres el 25 de noviembre de 1952 hasta hoy, es una obra millonaria, por la que su autora no cobró un penique ya que cedió los derechos a su nieto, que el día del estreno contaba ocho años. Londres: "Mousetrap" en la fachada del teatro


Para ver una versión de la obra a cargo de un grupo juvenil andaluz, sígase la numeración: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9 y 10

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