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Teatro. Farsa. Generación del 27. 1930.

LA ZAPATERA PRODIGIOSA, Federico García Lorca

Sábado 19 de marzo de 2011

Introducción: La zapatera prodigiosa y F. García Lorca


La zapatera prodigiosa, estrenada en Madrid el 24 de diciembre de 1930, es la obra que más se representó en vida de Lorca. Pone en escena un conflicto matrimonial: una hermosa y joven mujer se ha casado con un viejo zapatero, y es esa diferencia de edad la que origina el problema conyugal.

Una obra de teatro se caracteriza esencialmente por el diálogo continuo entre los personajes, en este caso, entre la zapatera y su marido el zapatero, que son los personajes principales o protagonistas. Junto a ellos aparecen otros personajes secundarios: varias vecinas, diferenciadas por el color del vestido (vecina roja, morada, negra, verde, amarilla, azul), dos beatas, dos gitanillas, la sacristana, dos majas, el autor, el niño, el alcalde, don Mirlo, el mozo de la faja y el mozo del sombrero. Y con ellos un número indefinido de vecinos, beatas, curas y pueblo.

Lorca titula la obra La zapatera prodigiosa. Prodigioso, sa. (del latín prodigiōsus) significa 1. adj. Maravilloso, extraordinario, que encierra en sí prodigio. 2. adj. Excelente, primoroso, exquisito (DRAE).

A estos significados tendríamos que añadir el de “fantasiosa”, sobre todo si tenemos en cuenta dos detalles:

1.- Que según testimonio familiar, Lorca había pensado inicialmente titular la obra como La zapatera fantasiosa.

2.- Que el viejo zapatero le dice furiosamente a su mujer en la escena 2ª del acto primero: “¡Fantasiosa! ¡Fantasiosa! ¡Fantasiosa!”

Observa que Lorca subtitula la obra como Farsa violenta con dos actos y un prólogo. Es una farsa porque así se llaman las obras de teatro cómicas y de corta duración. Pero no hay violencia entendida como crueldad, agresividad o brutalidad. El propio Lorca explicó que el lado “violento” o “agrio” de la zapatera procede de la lucha del personaje con la realidad que la rodea.

El autor

Federico García Lorca (ver 1 y 2)
poseía una maravillosa capacidad creadora que manifestó en múltiples facetas: era músico, pintor, poeta y dramaturgo. Como autor dramático, quiso acercar el teatro al público sencillo que no podía asistir a las representaciones de la gran ciudad, para lo cual se creó el mencionado grupo La Barraca.

De entre sus obras de poesía podemos destacar: Libro de poemas, Canciones, Romancero gitano, Poema del cante jondo, Poeta en Nueva York, Llanto por Ignacio Sánchez Mejías y los Sonetos del amor oscuro. Y entre las de teatro sobresalen: Mariana Pineda, La zapatera prodigiosa, Doña Rosita la soltera, Bodas de sangre, El retablillo de don Cristóbal, Yerma, y La casa de Bernarda Alba.

Título y género

El título de La zapatera prodigiosa responde a la cualidad que le otorga Lorca a su protagonista. El adjetivo “prodigiosa” que la califica puede entenderse en dos sentidos: uno, el de la singularidad del personaje, es decir, resulta difícil encontrar una muchacha como ella: dicharachera, luchadora y soñadora que no es lo mismo que “fantasiosa”, aunque así la llame su marido; dos, se produce en ella el siguiente “prodigio”: es capaz de darse cuenta de que el marido que tenía valía la pena y, en consecuencia, recupera la felicidad que ella misma se había dejado perder.

En cuanto al género, Lorca la califica de farsa. El Diccionario de términos literarios (Acento, 1998) define el término como: «Pieza teatral cómica o burlesca, con frecuencia breve, cuya máxima pretensión es entretener o moralizar. Muestra un gran distanciamiento de la realidad, aunque sin abandonarla, para exagerarla y cuestionar poderes políticos, económicos, culturales o convenciones sociales, sexuales, etc., con lo que adquiere un carácter bufonesco y grotesco. Emplea un lenguaje disparatado y plasma personajes estrafalarios».

En el caso de la obra que nos ocupa, si bien está definida por su autor de “farsa violenta” y su objeto es criticar ciertas convenciones sociales, sus personajes no llegan a ser grotescos ni estrafalarios y el lenguaje tampoco es disparatado.

La estructura

La estructura externa: ¿cómo está dividida la obra?

La obra está dividida en dos actos y un prólogo, sin escenas ni cuadros marcados por el autor. Cada acto viene precedido de unas instrucciones sobre el decorado. Ambos se desarrollan en la casa de la zapatera con algunas diferencias accesorias, que comentaremos cuando hablemos del espacio.

El prólogo es una parte clave de la pieza; en él hace su aparición el Autor para dirigirse al público. No es frecuente, en el teatro moderno, que suba al escenario el autor para presentar la obra, antes de que esta dé comienzo. Estamos ante una costumbre propia del teatro del Siglo de Oro y, efectivamente, la influencia que esta obra tiene del teatro de Cervantes es muy grande, en especial con los prólogos del primer Quijote y de las comedias y entremeses. Esto es una subversión de la esencia del teatro, pues los únicos que pueden dirigirse al público desde las tablas son los actores. Sin embargo, esa costumbre se generalizó en el Barroco y se convirtió en un tópico, la “captatio benevolentiae”, o sea, ganarse al público desde el principio, aunque Lorca no pide benevolencia sino atención.

En cuanto a las acotaciones, que son las indicaciones que da el autor del texto teatral para que sean tenidas en cuenta por el director y los actores al realizar la puesta en escena, Lorca exige naturalidad y sencillez; y no quiere que los actores exageren. “Nadie debe exagerar”, prohíbe a los comediantes al principio del segundo acto, porque corre el riesgo, si la gesticulación fuera inoportuna, de convertir en caricatura un personaje que plantea un conflicto serio y representa a todas las mujeres capaces de oponerse a la realidad que las cerca. Esta es una característica que poseen muchos de los personajes dramáticos femeninos de Federico García Lorca (Mariana Pineda, Yerma, Adela de La casa de Bernarda Alba, la Novia de Bodas de sangre) que se enfrentan a una sociedad cerrada, tradicionalista, arcaica y llena de envidias, símbolo de multitud de ciudades y pueblos españoles.

La estructura interna: el argumento.

Una muchacha joven se ha casado con un hombre mayor que tiene el oficio de zapatero, por lo que a ella la llaman “la zapatera”. No hay verdadero amor entre ellos porque ella se ha casado para acomodarse y él se ha casado para no quedarse solo. Ella regaña continuamente con su marido y él decide marcharse. Mientras están separados, ambos se dan cuenta de que se quieren y él, por su parte, vuelve disfrazado de titiritero para averiguar cuáles son los sentimientos de ella. Finalmente, descubre a su mujer su verdadera identidad y ambos se quedan juntos y felices.

La base argumental no es original, sino que parte de un motivo folklórico muy repetido en la literatura española y extranjera: la mujer que se casa con un hombre viejo. Así, pues, las influencias que podemos señalar son múltiples, pero vamos a referirnos sólo a las más importantes. En la literatura española este asunto fue tratado, entre otros autores, por Cervantes en varios entremeses: El viejo celoso, El rufián viudo, La cueva de Salamanca,... Lorca, sin embargo, no se limita a copiarlos sino que se aleja de los personajes cervantinos en varios momentos; por ejemplo, en la subrepticia partida del Zapatero, el cual devuelve a su mujer la libertad que los personajes cervantinos niegan a las suyas. O en el hecho de que la Zapatera, en vez de aprovechar su soledad para entregarse a sus pretendientes, se recluya en sí misma en el taller de su marido, convertido por ella en taberna.

También hemos de recordar, como otras influencias en Lorca, la figura del ciego esperpéntico de Los cuernos de don Friolera, de Valle Inclán, y, en último término, la epopeya homérica, La Odisea, pues el Zapatero no deja de ser otro Ulises cuando vuelve a Ítaca.

Temas

¿Cuál es el tema principal de la obra?, ¿hay otros temas?

El tema principal es la inconveniencia del matrimonio entre un hombre mayor –de cincuenta y tantos años- y una muchacha joven –de dieciocho-.

Alrededor de este tema giran varios más que, no por secundarios, dejan de tener importancia:

En primer lugar, destacamos los que están relacionados con el tema del matrimonio: la necesidad de casarse con una persona de la misma edad y clase y, por el contrario, la equivocación de casarse para no quedarse uno solo, o la de casarse por dinero, o porque a la familia le parezca bien el matrimonio si los implicados no se quieren.

En segundo lugar, y no menos importante si tenemos en cuenta la insistencia de Lorca en este tema, está la situación de la mujer y el concepto que se tiene de ella: la Zapatera se valora porque es mujer casada, y, como esposa, en cuanto tiene la casa limpia, hace la comida y atiende al marido; el Alcalde recuerda que sus cuatro mujeres eran aficionadas a las flores y al agua limpia, le permitían que les alzara la voz, que las dominara, que probara la vara sobre ellas o que les diera un “apretón” cuando a él le viniera en gana. En el momento en que la Zapatera es abandonada por su marido y se queda sola, ya no merece ningún respeto a la sociedad que la rodea: la asaltan los clientes (aunque ella le quite importancia riéndose de la forma de conquistar que tienen), les hacen proposiciones indecentes (como el Alcalde cuando le ofrece escriturarle una casa a su nombre a cambio de sus favores), es objeto de la maledicencia de los vecinos que le cantan coplas hirientes, se ríen de ella y hasta le levantan calumnias acusándola de haber seducido a los mozos que se pelean por ella.

Por último, hay un motivo literario en la obra que también es importante: el elemento popular como parte de la trama: riñas entre el marido y la mujer, riñas entre la Zapatera y las vecinas, peleas entre los mozos que se disputan el amor de la protagonista, los insultos, los piropos y galanteos, la incorporación de canciones que vienen al hilo de lo que acontece, el uso de refranes, y, por supuesto, el espectáculo que ofrece un titiritero que llega al pueblo para distraer al vecindario con sus “cantos de ciego”.

La acción

La acción es bastante simple y podría estructurarse en tres fases: 1ª. La situación inicial del matrimonio; 2ª. Lo que hace el marido; y 3ª. El desenlace.

1ª) La situación inicial es la siguiente: un matrimonio es infeliz, principalmente por causa de la diferencia de edad entre ambos.

2ª) El marido decide abandonar a la esposa pero, al cabo de un tiempo y valiéndose de un disfraz como estratagema, vuelve para averiguar si ella lo quiere o no.

3ª) Se restituye la situación inicial, pero ahora con marido y mujer felices porque se han dado cuenta de que se quieren.

El lugar

La acción de la obra se desarrolla en un solo lugar: la casa. El acto primero se desarrolla en la casa de la zapatera y ocupa un lugar importante el taller del marido; en el acto segundo, el banco y las herramientas de la zapatería han sido sustituidas por un mostrador de taberna.

El ambiente podemos situarlo en el mundo rural andaluz y en él se destaca el blanco como color representativo de calles y casas, pero no hay datos para una localización concreta.

El tiempo

No puede hablarse de unidad de tiempo, pues, aunque no se concreta, hay un salto temporal entre lo sucedido en el primer acto y el segundo. Ese transcurso juega en la obra un papel dramático fundamental, pues es el que les permite a los personajes darse cuenta de sus verdaderos sentimientos y, en consecuencia, que el desenlace sea feliz.

Los personajes

1. ¿Cuál es el personaje principal? ¿Qué rasgos lo caracterizan?

El personaje principal es, sin duda, la zapatera, a la que se refiere el título de la obra. Es un personaje parecido al de los entremeses cervantinos y a otros de las comedias del Siglo de Oro (personajes “tipo” que, con la complicidad de sus vecinas, burlaba al marido). Pero esta zapatera posee una marcada fuerza dramática y un rumbo propio.

Para empezar es una muchacha que se debate entre su fantasía y la realidad: la fantasía apoyada en su belleza, en su juventud y en la multitud de pretendientes, verdaderos o imaginados, que ha tenido; la realidad que su marido no duda en manifestarle: su pobreza y la necesidad que la obligó a admitir un matrimonio ventajoso.

Como es de naturaleza rebelde, aunque haya caído en la trampa del matrimonio al que la ha obligado su situación, en todo el primer acto se nos muestra como un personaje violento en el trato con su marido (de ahí el título que le puso Lorca a su farsa: “farsa violenta”). En el segundo acto, la soledad ha originado un amor hacia el marido que antes no sentía. Así que la dualidad realidad/fantasía sufre un profundo cambio: la realidad es su situación de mujer abandonada y su fantasía se nutre ahora de todos sus recuerdos o imaginaciones en las cuales el marido ausente cobra una gran altura. O sea, que la zapatera entiende por fantasía todo aquello que es irrealizable.

Finalmente, realidad y deseo se encuentran y la consecución de ese amor, tal vez idealizado pero compartido por marido y mujer, pone fin a la lucha interna que libraba la protagonista con ella misma. La zapatera se convierte, en consecuencia, en el arquetipo de la mujer luchadora, según nos dice su propio creador en el prólogo: “lucha siempre, lucha con la realidad que la cerca y lucha con la fantasía cuando esta se hace visible”.

Otras rasgos importantes de este personaje son:

- la mala relación con las vecinas, a las que acusa de haber tenido la culpa de su mal entendimiento con su marido;

- la defensa que hace de su derecho a ser ella misma, no de estar sometida a su marido;

- la valentía con la que afronta su soledad y su decisión de convertir la zapatería en taberna para ganarse la vida;

- la defensa de su honra, al desoír la propuesta del Alcalde que le brinda una vida fácil, recordándole al mismo tiempo que por su cargo de alcalde tiene la obligación de defenderla de asechanzas y calumnias.

2. ¿Qué rasgos definen al Zapatero?

El Zapatero es el siguiente personaje en importancia. Está muy alejado del destino que se les suele reservar a los maridos viejos en las obras del Siglo de Oro: ni es cornudo ni provoca risa. Hombre mayor -“viejo pellejo”-, se ha casado, haciéndole caso a su hermana, para no quedarse solo y le ha tocado en suerte una muchacha linda pero indómita. Es bonachón y escucha a la zapatera referir las gracias de sus novios mientras que a él lo increpa y lo insulta. A veces pierde la paciencia y le recuerda que es su marido, pero, hipócrita, le importan más los comentarios que pueda haber en el vecindario que lo que realmente ocurra dentro de su casa. El escándalo lo subleva y no encuentra forma de hacerse respetar ni querer por su mujer –aunque lo intenta con regalos-, pero nunca intenta dominarla y en ningún momento la amenaza.

Al final del primer acto tiene una ocurrencia feliz, marcharse de la casa. En el segundo acto reaparece con una estratagema que va a salirle bien: vuelve disfrazado de titiritero y comprueba que ella ha cambiado en su actitud hacia él y lo quiere. De todos modos, hay que decir en su contra que echa de menos su bienestar en el hogar más que a la esposa.

Podemos señalar también en este personaje un paralelismo muy grande con el protagonista de El retablo de maese Pedro, de Cervantes. En la pieza cervantina, Ginés de Pasamonte, temeroso de la justicia, se disfraza de titiritero y, como ni Sancho ni don Quijote lo reconocen, él puede exhibir cómodamente sus supuestos dotes de adivino. En la farsa lorquiana también el Zapatero ha de llegar al pueblo disfrazado, si bien con unas gafas, propias de su oficio fingido de relator de romances de ciego. Y si Ginés se ayuda de un mono adivino, es quizá sintomático que el Niño pregunte si habrá monos, y no otro animal, en el espectáculo que se anuncia. Por otra parte, el retablo animado por maese Pedro ha sido sustituido por un pintado cartelón, a cuyos cómicos recuadros va señalando el Zapatero con una varilla, en acción idéntica a la realizada por el muchacho cervantino.

3. ¿Cómo caracteriza el autor a los demás personajes?

Estos personajes principales están rodeados por otros que apenas llegan a ser secundarios y quedan reducidos a la categoría de figuras:

- las vecinas –Vecina Morada, Roja, Amarilla, Negra- funcionan como un coro grotesco y malvado. Son largas de lengua, chismosas, siempre a la expectativa de atisbar por la ventana lo que pueda ocurrir en la casa;

- el Niño es cariñoso y zalamero, y, hasta podrían señalarse algunos reflejos autobiográficos del propio García Lorca, como es por ejemplo su júbilo ante el teatrito de guiñol o marionetas. Sabido es que el poeta, influido quizá por su amigo Manuel de Falla, era entusiasta de todas las manifestaciones populares: canciones folklóricas y populares, teatrillos de guiñol, zarzuelas, etc.;

- el Alcalde se muestra machista, dominante, prepotente; presumido en su función de autoridad, nos recuerda también otra pieza cervantina: La elección de los alcaldes de Daganzo;

- Don Mirlo, animalizado con nombre de pájaro, parece la transformación de alguno de aquellos cervantinos sacristanes enamorados, poéticos y latiniparlantes. La zapatera se burla de su culta perorata y le responde cosificándolo –“mirlo de alambre”- e incluso esperpentizándolo en una figura muy cubista y muy valleinclanesca: “garabato de candil”.

- El resto de los personajes, aunque responden, como todos, a los requisitos internos de la acción, o no aparecen siquiera en la escena, o tienen simplemente la función mínima de permitir el avance dramático, como ocurre con el adulador Mozo de la Faja y otros Mozos.

Técnica y lenguaje

1. ¿Se puede distinguir claramente lo serio de la broma?

Llama la atención en esta obra lo difícil que resulta deslindar lo serio de la broma. Así ocurre con la actitud del Autor cuando se dirige al público, en el prólogo: «Respetable público... (Pausa) No; respetable público, no; público solamente...; lo mismo sucede en la acotación inicial del segundo acto, donde advierte de forma un tanto cómica: Al actor que exagere lo más mínimo en este tipo, debe el director de escena darle un bastonazo en la cabeza.»

Este equívoco se mantiene con los personajes: a veces, no queda claro cuándo hablan en burla y cuándo hablan de veras, como se observa especialmente en la actitud final de la Zapatera, increpando a su marido y haciendo a la vez causa común con él contra los vecinos.

2. ¿Cómo es el lenguaje?

El lenguaje responde a esa clara voluntad del autor de apartarse de la realidad, de romper con el universo hostil que rodea al dramaturgo y al personaje. El lenguaje que utiliza Lorca en la obra es pintoresco y sugerente, rico en invectivas y lleno de energía, de comparaciones ingeniosas, de diminutivos, de onomatopeyas, de juegos de palabras, de refranes rotos y por lo mismo sorprendentes.

3. ¿Y el estilo?

En cuanto al estilo, Lorca advierte al público, desde el mismo prólogo, que lo que va a presenciar en el escenario no es la es la representación de los problemas conyugales que pueden encontrarse en la Andalucía rural o en cualquier otra parte, sino una fábula poética sobre la búsqueda de sueños imposibles por el alma humana. Para desrealizar la realidad el autor utiliza varias tácticas:

A) las rupturas de la tensión dramática que se pueden alcanzar en momentos determinados:

— en el acto I, cuando la Zapatera se burla del Mozo que le dice que la quiere;

— en el acto II son varias las rupturas: al principio, la Zapatera recuerda cómo conoció al Zapatero y el Niño la interrumpe porque empiezan a escucharse unas coplas; ya bien avanzado el acto, se interrumpe el romance que recita el Zapatero porque se escucha el grito angustiado y fortísimo de los mozos que se pelean en la calle (fuera del escenario) por la Zapatera, y, cuando ambos protagonistas están a punto de declararse su mutuo amor, el Niño vuelve a interrumpir para dar cuenta de la pelea habida; por último, cuando se produce la anagnórisis o reconocimiento de ambos porque el Zapatero ya se ha quitado el disfraz, de nuevo es otra copla la que rompe momento tan climático.

B) Otra táctica para la desrealización es el aprovechamiento paralelo de música y cantares, similar al de los bailes con que se terminaban los entremeses clásicos, como la algazara final del acto I que organizan las vecinas mientras la Zapatera llora a gritos, y las coplas y el repicar de las campanas con que termina el acto II.

C) A la desrealización están también destinados la incorporación de refranes, de dichos, de imprecaciones, de execraciones, de canciones, de bailes y, en general, de muchos elementos que sencillamente podemos catalogar de gratuitos, por no calificarlos de absurdos en muchas ocasiones.

Sin duda, desrealizar la realidad para que no se confundiera con la teatralidad fue la intención de Lorca, pero la obra es más bien realista y se situa en la línea de la comedia costumbrista andaluza de los hermanos Álvarez Quintero. Pese a ello, y sin duda alguna, Lorca logra innovar el teatro de su tiempo y lo hace con su invención propia y , al mismo tiempo, con reminiscencias del teatro anterior, desde los entremeses cervantinos al teatro moratiniano, desde el teatro costumbrista al sainete y al género chico, incluso al género ínfimo cuando Don Mirlo llama a la Zapatera “Bella Otero de mi corazón”, en recuerdo de la famosísima bailarina.

Conclusión en palabras de Lorca

Lorca hizo distintas declaraciones sobre esta farsa y sobre su protagonista. En 1933 declaraba al periódico El Sol, de Madrid:

«La zapatera es una farsa, más bien un ejemplo poético del alma humana y es ella sola la que tiene importancia en la obra. Los demás personajes la sirven y nada más... El color de la obra es accesorio y no fundamental como en otra clase de teatro. Yo mismo pude poner este mito espiritual entre esquimales. La palabra y el ritmo pueden ser andaluces, pero no la sustancia... Desde luego la Zapatera no es una mujer en particular sino todas las mujeres... Todos los espectadores llevan una zapatera volando por el pecho.»

En noviembre de ese mismo año escribía para La Nación, de Buenos Aires:

«La zapatera prodigiosa es una farsa simple, de puro tono clásico, donde se describe un espíritu de mujer, como son todas las mujeres, y se hace, al mismo tiempo y de manera tierna, un apólogo del alma humana... Así, pues, la zapaterita es un tipo y un arquetipo a la vez; es una criatura primaria y es un mito de nuestra pura ilusión insatisfecha... la lucha de la realidad con la fantasía (entendiendo por fantasía todo lo que es irrealizable) que existe en el fondo de toda criatura... La Zapatera lucha constantemente con ideas y objetos reales porque vive en su mundo propio, donde cada idea y cada objeto tiene un sentido misterioso que ella misma ignora. No ha vivido nunca, ni ha tenido novios nunca más que en la otra orilla, donde no puede ni podrá nunca llegar... Los demás personajes le sirven en su juego escénico sin tener más importancia de lo que la anécdota y el ritmo del teatro requieren. No hay más personaje que ella y la masa del pueblo que la circunda con un cinturón de espinas y carcajadas... El dato más característico de la zapaterilla es que no tiene más amistad que la de una niña pequeña [habla de niña porque era una niña la que representaba el papel de niño], compendio de ternura y símbolo de las cosas que están en semilla y tienen todavía muy lejana su voluntad en flor. Lo más característico de esta simple farsa es el ritmo de la escena, ligado y vivo, y la intervención de la música que me sirve para desrealizar la escena y quitar a la gente la idea de que “aquello está pasando de veras”, así como también para elevar el plano poético con el mismo sentido con que lo hacían nuestros clásicos.»

Por nuestra parte, podríamos añadir a estas palabras de Federico García Lorca que La zapatera prodigiosa es una obrita que no ha perdido modernidad, pues plantea un tema tan actual como la igualdad de la mujer en la sociedad contemporánea.

FUENTE.- Profesores Paqui Íñiguez y Juan Manuel Infante (adaptación).


Escenografías de Sigfrido Burmann para "La zapatera prodigiosa"


Actividades interactivas sobre La zapatera prodigiosa en Pablo Moro EDU365.CAT

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