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Prosa narrativa. Fábula novelada. 1945

REBELIÓN EN LA GRANJA, George Orwell

Idoma original: inglés.

Miércoles 26 de octubre de 2011

PUBLICACIÓN, PLANTEAMIENTO NARRATIVO Y PROPÓSITO IDEOLÓGICO

orwell Rebelión en la granja fue publicada poco después de terminar la Segunda Guerra Mundial. La edición inglesa es de 1945 (del mismo mes en que Estados Unidos lanzó las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki), y la norteamericana, de 1946. George Orwell escribió el libro como una advertencia acerca de los peligros del estalinismo y los gobiernos totalitarios.

La historia de cómo Orwell logró publicar la novela constituye por sí sola un alegato en favor de la libertad de expresión. Hasta cuatro editores rehusaron el manuscrito: casi ninguno por razones ideológicas, y todos a causa de la autocensura que da el miedo al poder. Escrita durante la Segunda Guerra Mundial, en el Londres de la época no estaba bien visto criticar al que en ese momento era el aliado forzoso pero imprescindible (un mal necesario) contra Hitler: la Unión Soviética de Stalin. Solo al acabar la guerra -y al comenzar la Guerra Fría- Animal Farm (en su título inglés) llegó a manos de los lectores convirtiéndose en un éxito inmediato (un long seller en más de sesenta lenguas), y dándole al autor la fama imperecedera que sellaría poco después su última novela, la indispensable 1984.

Fábula, distopía y sátira

A. La presencia de los animales en la literatura va casi pareja con la historia de la Humanidad. En muchas culturas, los animales son bien dioses protectores, bien demonios que hay que espantar; incluso pueden representar ese otro yo, el doble, que sigue nuestros pasos, nos cuida y nos espera al final de la vida. Los moralistas griegos, como Esopo, utilizaron animales para hablar de las virtudes y defectos de la sociedad, y en nuestra lengua cotidiana los nombres de animales sirven para alabar (o descalificar) a quienes nos rodean: zorros y zorras, perras o perros, ratas, burros, serpientes, tigres, conejos, gatos y un largo etcétera pueblan nuestro imaginario social y moral con toda naturalidad. Dentro de la tradición del cuento maravilloso, los animales son sublimaciones de las facultades, virtudes y defectos humanos, y con esta función los emplea en su novela G. Orwell.

Rebelión en la granja es una fábula de animales (“fairy tale” llegó a subtitularla el autor), despojada de toda ingenuidad infantil. No tiene, en cambio, las proporciones breves de un cuento maravilloso sino que es una fábula extensa que habla de animales como si fueran hombres, es decir, una fábula que deriva en relato alegórico. Orwell dijo en cierta ocasión que la idea de unos animales humanizados la obtuvo tras contemplar una terrible escena callejera en la que un muchacho maltrataba a un caballo de tiro que se negaba a avanzar con la carga del carro. Orwell pensó qué ocurriría si ese caballo tuviera las facultades del raciocinio y del lenguaje para hacerse consciente del grado de explotación al que estaba sometido.

De modo que Orwell usa a animales como personajes con una doble finalidad: primero, para establecer la denuncia implícita de que el mundo está dividido en capitalistas y obreros, en explotadores (los humanos) y en explotados (los animales), y que para las clases dominantes, los trabajadores (el proletariado en general) solo son fuerza animal a su libre disposición; segundo, para dirigir la atención más allá de los acontecimientos contemporáneos que todos conocían: el ascenso del fascismo y el nacionalsocialismo (Hitler y Mussolini), la represión y violencia de Stalin en la joven Unión Soviética, la Guerra Civil española, los conflictos políticos previos a la II Guerra Mundial, y el estallido armado. Humanos y animales (detrás de los cuales se transparentan personajes históricos reales) se reúnen en un espacio irreal (imposible) en el que el lector trasciende la ficción y se instala en un plano alegórico-simbólico para, desde allí, extraer la enseñanza moral de la fábula, es decir, el aviso o advertencia sobre el curso que pueden tomar los acontecimientos históricos si las sociedades occidentales claudican ante el totalitarismo. Arrastrados por las rutinas y las urgencias del día a día, los individuos podemos llegar a insensibilizarnos ante hechos horrorosos como la planificación calculada de la violencia, el engaño y la manipulación.

B. “El concepto utopía designa la proyección humana de un mundo idealizado que se presenta como alternativo al mundo realmente existente, ejerciendo así una crítica sobre éste. (…) El término utopía se debe a Tomás Moro [teólogo y pensador, siglos XV-VXI], quien tituló así una de las obras más importantes de este género. Literalmente significa “no lugar” y, por tanto, designa una localización inexistente o imposible de encontrar. Moro bautizó con este término una isla perdida en medio del océano cuyos habitantes habían logrado el Estado perfecto: un Estado caracterizado por la convivencia pacífica, el bienestar físico y moral de sus habitantes, y el disfrute común de los bienes” (Wikipedia).

La granja Manor de George Orwell se postula como una utopía, como un no-lugar imposible en una Inglaterra inexistente. Los animales han iniciado, tras expulsar a los antiguos dueños, el gobierno de un Estado modélico, donde la vida será mejor para todos, más próspera y feliz que aquella dominada por la especie humana. Sin embargo, muy pronto las cosas se tuercen y la realidad transcurre en términos opuestos a los de una sociedad ideal. Lo que se prometía como un mundo utópico se transforma en su contrario, en una utopía invertida, desencantada. Es lo que los estudiosos han denominado una anti-utopía o distopía, es decir, una obra que hace “referencia a una sociedad ficticia, frecuentemente emplazada en el futuro cercano, donde las consecuencias de la manipulación y el adoctrinamiento masivo —generalmente a cargo de un Estado autoritario o totalitario— llevan al control absoluto, condicionamiento o exterminio de sus miembros bajo una fachada de benevolencia” (Wikipedia).

La literatura y el cine contemporáneos han creado una larguísima tradición de distopías, generalmente vinculadas al género de ciencia-ficción. Así, novelas como Un mundo feliz (1932) de Aldous Huxley; Fahrenheit 451 (1953) de Ray Bradbury; 1984 (1949) del propio George Orwell; y Mercaderes del espacio (1954) de Frederik Pohl y C.M. Kornbluth; y películas como La naranja mecánica (1971); Blade Runner (1982); Gattaca (1997); la famosa Matrix (1999]; y Equilibrium (2002); e incluso el mítico cómic V de Vendetta (desde los años 80).

A diferencia de estas obras, Rebelión... muestra un mundo presente (no futuro) que, a pesar de los elementos maravillosos propios de una fábula, se sostiene en conductas y ambientes firmemente realistas, y en el énfasis que el autor pone en humanizar el comportamiento animal.

C. Por último, Rebelión en la granja es, además de una fábula y una distopía, una sátira de amplio alcance. El tratamiento esperpéntico de personajes y situaciones enfatiza los vicios individuales y colectivos tanto de los humanos como de los animales, bien entendido que el verdadero propósito de Orwell no es el humor en sí mismo sino el ataque a una realidad que desaprueba, en este caso, las estrategias políticas del estalinismo. Orwell no recurre a los chistes fáciles sino a salpicar el relato de pinceladas de ironía y sarcasmo (como que las ovejas, siempre en rebaño, siempre gregarias, representen a los camaradas del partido), de parodias y burlas (como las predicaciones del cuervo, que, además se llama Moisés; o como los mandamientos del “Animalismo” y sus posteriores revisiones), de exageraciones (como todo el proceso de humanización, en realidad, "deshumanización" de los cerdos) y de analogías y comparaciones (de personajes históricos fácilmente identificables con los animales principales; o de los seres humanos y los cerdos cuando, en la escena final, el resto de los animales ya no encuentran diferencias sustanciales).

El conjunto final es una caricatura extrema, paradójica, en la que ningún animal desea ser humano porque (irónicamente) los humanos son los seres más abyectos y más viles del mundo, o sea, más deshumanizados. Al mismo tiempo, los cerdos (que en el imaginario de lector son animales sucios y groseros, poco valerosos, estúpidos y de hábitos inmoderados) conspiran inverosímilmente contra el espíritu de la rebelión al mismo tiempo que la dirigen porque, en el fondo, aspiran a ser iguales que los humanos, es decir, a revertir la ingenuidad de su naturaleza para humanizarse, lo cual, a la luz del desenlace del relato, no es otra cosa que un proceso acelerado de deshumanización.

Contra el totalitarismo soviético

Orwell había conocido a hombres de Stalin (militares y comisarios políticos) durante la temporada en que él y su esposa estuvieron peleando en la Guerra Civil española contra de los fascistas. Orwell, que siempre fue socialista y antifascista, se encontró en nuestro país, luchando a su lado, a numerosos representantes del estalinismo cuyas estrategias y táticas políticas eran abiertamente totalitarias y antidemocráticas: “detenciones incesantes –explicaba– , los periódicos censurados, hordas de policías armados merodeando…" En cierta ocasión, Orwell escribió que su estancia en España le hizo darse cuenta de "la facilidad con que la propaganda totalitaria puede controlar la opinión de la gente ilustrada en los países democráticos". Se dedicó entonces a escribir la novela para denunciar que la versión estalinista del comunismo era una farsa brutal, una traición a los valores socialistas que él tenía en gran estima: “El comunismo es ahora –llegó a afirmar– una fuerza contrarrevolucionaria”.

La novela aborda no sólo la corrupción de la revolución a causa de sus líderes, sino también cómo la maldad, la indiferencia, la ignorancia, la codicia y la miopía destruyen cualquier sueño utópico. Si bien esta novela desvela que es un liderazgo corrupto lo que trae consigo la muerte y el descrédito definitivo de la revolución (y no el acto de la revolución en sí), también muestra cómo la ignorancia potencial y la indiferencia del pueblo ante los problemas que surgen dentro de un proceso revolucionario pueden desembocar en excesos y horrores si no se logra la transición a un gobierno popular y democrático.

Con el inicio de la Guerra Fría, la novela de Orwell se convirtió en un clásico. Era la crítica perfecta del comunismo. Aprovechando el mensaje antiestalinista de la novela, la CIA compró los derechos de la obra y la produjo en 1955 como película de dibujos animados, dirigida por John Halas y Joy Batchelor (VER ABAJO). En ella se da un sesgo decididamente optimista (y antisoviético) a la novela mediante la eliminación de la escena final y su sustitución por una nueva revolución en la que los animales “buenos” derrocan a los cerdos. La cinta se distribuyó por el mundo entero, en plena Guerra Fría, como propaganda anticomunista, lo cual no deja de ser irónico y paradójico si se piensa que uno de los aspectos del totalitarismo que más critica Orwell en la propia novela es la función de la propaganda. Esta y otras versiones de cine han contribuido a que se haya interpretado tendenciosamente a Orwell presentándolo como un vigoroso defensor de los valores del mundo occidental, de la democracia capitalista y de la ideología burguesa. Nada es así. A pesar de que era firmemente anti-estalinista, ciertamente, George Orwell tampoco era un pro-capitalista. De hecho, era un socialista y un revolucionario, digamos, muy idealista. No debe olvidarse que la rebelión de los animales triunfa, y triunfa porque estos (la clase explotada) se organizan para derrocar a los explotadores, o sea, a un sistema (social, político y económico) en sí mismo corrompido e injusto, el sistema que representan los humanos, el sistema capitalista. El triunfo va seguido, a pesar de diversas contradicciones, de un nuevo ordenamiento de la vida y la producción en la granja que, en principio, viven los animales como un gran proceso de transformación, como una oportunidad para romper con las cadenas del pasado y lograr un futuro más próspero y feliz, más optimista. Todo ello puede deducirse sin dificultad de las primeras páginas de la novela. Lo que más temen los animales es el regreso de los humanos al frente de la granja.

Que Orwell no fuera un escritor conformista y que pusiera en cuestión los peligros y las mentiras que anidan en un proceso revolucionario no significa que fuera un defensor de los valores occidentales y del capitalismo. Tampoco significa, desde luego, que su socialismo y su ideal revolucionario fueran convicciones coherentes y rigurosamente desarrolladas en lo político y estético. La dolorosa experiencia de la Guerra Civil española en que participó como voluntario antifascista le mostró toda la corrupción, la violencia y la manipulación política de la que eran capaces los líderes comunistas y especialmente los estalinistas soviéticos, ellos, herederos depravados de la revolución bolchevique, primer gran sueño cumplido del proletariado en lucha por la libertad.

Hay un poso de individualismo, de escepticismo y de pesimismo en las novelas de Orwell, algo así como un gesto mantenido de irritación y desengaño al vivir en carne propia dónde habían ido a parar los sueños por los que luchó. Hay, sin duda, un mensaje lleno de malestar en esta revolución fracasada de la granja Manor pero también en el ojo vigilante (el gran hermano que todo lo sabe de todos) de su otra novela, 1984, una convicción profunda de que no existe, después de todo, otro mundo “posible” sino, lamentablemente, otro mundo “mucho peor”, un malestar y un pesimismo que cristalizan en una ausencia de esperanza para los personajes de ambos mundos de ficción, siempre predestinados, como los animales de Rebelión..., a permanecer en un estado de opresión y sometimiento.



G. Orwell, joven, con su mujer, agachada, en España durante la Guerra Civil

Rebelión en la granja EN DIBUJOS ANIMADOS

Película de 1955. Ver aquí: 1, 2, 3, 4, 5, 6 y 7.

Rebelión en la granja EN EL DISCO ANIMALS DEL GRUPO PINK FLOYD

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«Animals [es un álbum] basado, en términos generales, en la fábula política de George Orwell, Animal Farm (óigase el tema pigs on the wing); pero mientras la novela ataca el comunismo, el álbum es una crítica directa del capitalismo inglés de los años 70 y, a pesar de que ambos abogan por los ideales del socialismo democrático, el álbum difiere de la novela en que, al final, las ovejas se rebelan para dominar a sus opresores.» (Adaptación de Wikipedia)

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