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UNA MIRADA A LA EDUCACIÓN DE LA MUJER EN EL SIGLO XIX
Miércoles, 16 de abril de 2008
/ María Dolores Ansio
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Dolores Navas Delgado, primera alumna del Instituto Provincial de Córdoba
[("Cuando la ilustración y la cultura se extiendan á ambos sexos,
la sociedad dará un gran paso en la senda del verdadero progreso"(1 ) )]
El pensamiento ilustrado muestra la confianza en la transformación de la sociedad mediante el perfeccionamiento del ser humano a través de la educación, pero presenta la gran paradoja de defender la incorporación de la mujer al mundo del conocimiento a la vez que le reserva un papel insustituible en la educación de los hijos y el cuidado de la familia.
Jean Jacques Rousseau, en su obra Emilio o de la educación (1762), considerado el primer tratado sobre filosofía de la educación, argumentando la diferente naturaleza del hombre y de la mujer, propone una formación distinta para cada sexo: Emilio es educado en libertad, de forma espontánea, y toma de la experiencia los conocimientos que le convertirán en un ser autónomo, capacitado para ejercer funciones en el ámbito público. Por el contrario, la educación de Sofía va orientada al ámbito doméstico, a prepararla para realizar correctamente su futuro papel de esposa y madre, idea justificada en la “complementariedad” de los sexos, que en realidad supone la asunción por la mujer de un papel subordinado al hombre.

“[…] un espíritu cultivado es el único que hace agradable la comunicación […] No conviene, pues, a un hombre que tenga educación tomar una mujer que no la tenga […] Pero preferiría cien veces más una joven sencilla y vulgarmente educada, que una joven sabia y espiritual, que llegase a establecer en mi casa un tribunal de literatura del que se haría la presidenta.” (2 )
Las propuestas educativas de Rousseau tuvieron una gran difusión, pero no faltó quien rebatiera su misoginia destacando que las diferencias entre los sexos radican no en su diferente naturaleza, sino en el diferente acceso a la educación.
En España, el Estado asumió la dirección de la educación con la revolución liberal: la Constitución de Cádiz dedica el Título IX a la instrucción pública con el fin de sentar las bases para el sistema educativo español, cuya primera definición no la encontraremos hasta 1857 con la “Ley de Instrucción Pública” (Ley Moyano), cuyas bases se encuentran en los anteriores Plan Duque de Rivas de 1836, presentado por el escritor cordobés Ángel de Saavedra, y Plan Pidal de 1845, por el que se crearon los Institutos Provinciales.
(1) Dictado del examen de ingreso de Dolores Navas Delgado. Expediente nº 4969. Archivo I.E.S. "Séneca", 1884.
(2) Rousseau, Jean Jacques, Émile ou l’education. Bibliothèque Larousse. París. (Livre V. Sophie ou la Femme, pp.196 a 234) Está editado en castellano en Alianza Editorial S.A. Madrid,1997.
La Ley Moyano tuvo el mérito de contemplar la obligatoriedad de la escolaridad para las niñas por primera vez en España, si bien, con contenidos reducidos respecto a los de los niños:
Artículo 5 En las enseñanzas elemental y superior de las niñas se omitirán los estudios de que tratan el párrafo sexto del artículo 2º y los párrafos primero y tercero del artículo 4º, reemplazándose con:
Primero. Labores propias del sexo.
Segundo. Elementos de dibujo aplicado a las mismas labores.
Tercero. Ligeras nociones de higiene doméstica. ( 3)
En realidad, a la altura de mediados del siglo XIX, seguía siendo muy significativo el peso de la Iglesia en la enseñanza (reforzado con la firma del Concordato de 1851) y tenía un gran calado en la sociedad su idea de la educación de la mujer, orientada a su alfabetización y adiestramiento en las tareas domésticas, para ejercer con dignidad su misión en la vida: ayudar a la educación de sus hijos, encargarse del funcionamiento del hogar y hacerle la vida agradable al marido.
En el sistema de estudios, tendría gran importancia la segunda enseñanza moderna, nacida en España con el “Plan General de Estudios” (Plan Pidal) de 1845, por el que se crearon los institutos provinciales. Así, por Real Orden de Isabel II, el 29 de abril de 1847 se decide situar en el Real Colegio de la Asunción el Instituto Provincial de Córdoba (cuya herencia bibliográfica y documental se encuentra en el I.E.S. “Séneca”). En principio, los estudios de Bachillerato iban dirigidos, según expuso Gil de Zárate, a la formación de los cuadros dirigentes del país, es decir, a un selecto alumnado masculino:

“[…] la segunda enseñanza […] se dirige á las clases medias y altas, esto es, á las más activas y emprendedoras; á las que se hallan apoderadas de los principales puestos del Estado y de las profesiones que más capacidad requieren; á las que legislan y gobiernan; á las que escriben, inventan, dirigen, y dan impulso á la sociedad, conduciéndola por las diferentes vías de la civilización; en suma, á las que son el alma de las naciones, conmueven los pueblos y causan su felicidad ó desgracia” (4 )
La Ley Moyano de 1857, reestructura el Bachillerato, pero no hace referencia a los estudios de la mujer, si bien, tampoco existe una prohibición expresa al respecto. Pero a la mujer de poco le servía obtener el título de bachiller si no podía, por los condicionamientos sociales, ir a la universidad, ni ejercer una profesión liberal o dedicarse a actividades mercantiles. Magisterio, cuya escuela se creó en Córdoba a la par que el Instituto Provincial, era la única titulación a la que en la práctica accedían las mujeres:
(3) Ley de Instrucción pública de 9 de septiembre de 1857 (Ley Moyano).
(4) Gil de Zárate, A. De la instrucción pública en España. Madrid: Imprenta Colegio de Sordo-Mudos, tomo II, p. 1 Cap. 1
"Ninguna ley impedía a las mujeres emprender estudios de Bachillerato una vez abiertos los Institutos y sin embargo nadie demandó puesto en sus aulas. Pasó mucho tiempo hasta que la mujer se decidió a buscar para independizarse los tres únicos empleos que por entonces se le abrieron en España: o maestras, o matrona, o estanquera” (5 )
La situación empezó a cambiar tras la revolución de 1868. En los años precedentes arraigó en España el krausismo, destacando Sanz del Río y Fernando de Castro, que defendieron el derecho de la mujer a acceder a todos los niveles de la enseñanza y la coeducación desde la primera infancia. El krausismo rechazaba que el fin último de la mujer fuera la maternidad y su incompatibilidad para la vida social, al contrario, la participación activa de la mujer sería enriquecedora para la sociedad.
En el sexenio democrático, concretamente en el curso 1870-71, Antonia Arrobas Pérez fue la primera muchacha que formalizó la matrícula de ingreso en el Instituto de Huelva, sin duda, tras el estudio de su instancia por parte de la Dirección General que dio su autorización al no encontrar prohibición legal al respecto. El camino estaba abierto: en el año 1871 una segunda mujer llamada Marta Maceras y Rivera solicitó examinarse en un Instituto y fue concedido, dado el precedente. En septiembre de 1872 se hizo igual concesión a Clara Costa y Franco y en junio de 1872 a Elvira Rodríguez Castiñeyra. Ellas fueron las cuatro primeras mujeres que sacaron título de Bachiller en España.
Francisco Giner de los Ríos, heredero del liderazgo krausista a la muerte de Fernando de Castro, fundó en 1876 la Institución Libre de Enseñanza al margen de la situación oficial (vaivenes en las propuestas educativas, la educación de la mujer y la libertad de cátedra, en función de la alternancia conservadores y liberales propia de la Restauración). Consagrada en principio a las enseñanzas de bachillerato y preparatorio universitario, introduce el método intuitivo frente al memorístico:

“Calculad […] la importancia del método intuitivo, que substituye la realidad á la abstracción, la luz que el objeto nos presta á la que nos viene de la palabra del maestro, […] exige del discípulo que piense y reflexione por sí, en la medida de sus fuerzas; […] que investigue, que arguya, que cuestione, que intente, que dude, que despliegue las alas del espíritu, en fin, y se rinda a la conciencia de su personalidad racional: la personalidad racional, que no es una vana prerrogativa, […] sino una ley de responsabilidad y trabajo” (6).
Francisco Giner de los Ríos respaldó una serie de medidas para mejorar la educación de las mujeres en España, destacando también en este sentido las propuestas del insigne pedagogo cordobés Pedro de Alcántara García, muy ligado a la Institución Libre de Enseñanza.
(5) El alumnado femenino en el Instituto de Córdoba. Artículo del diario "Córdoba" de 1 de junio de 1947, p. 3.
(6) Giner de los Ríos, Francisco. Estudios sobre educación. Biblioteca Económica Filosófica. Madrid, 1892, pp. 28-29.
En este contexto, se matricula la primera mujer en el Instituto Provincial de Córdoba, Dolores Navas Delgado, natural de Baena y vecina de Córdoba, domiciliada en la calle Hernando Colón nº 18, del barrio de San Pedro. Tenía 15 años cuando el 27 de septiembre de 1884 realizó las pruebas de ingreso:

El texto del dictado (7) valora la educación como instrumento indispensable en el avance social (idea contenida en la filosofía educativa roussoniana y compartida por los liberales españoles). Pero, además, incluye a la mujer en el proyecto social, idea asumida por el krausismo y la Institución Libre de Enseñanza, y que a través de sus numerosos discípulos, es probable que llegara a los institutos provinciales, entre ellos, al de Córdoba.
Dolores Navas solicitó cursar los Estudios Generales de Segunda Enseñanza, que preparaban para obtener el Grado de Bachiller, mientras los Estudios de Aplicación, por los que se obtenía el título de Perito, se orientaban más claramente hacia el alumnado masculino, porque el ejercicio de las profesiones para las que capacitaban, estaba vedado socialmente a las mujeres.
Dolores Navas realizó sus estudios con gran aprovechamiento, obteniendo magníficas notas y presentándose, al menos en dos ocasiones, a los ejercicios de oposición para el premio extraordinario de las asignaturas de Geografía y de Historia de España. Su expediente (nº 4969), que se encuentra en los archivos del I.E.S. “Séneca”, contiene el examen de Historia de España realizado a tal fin, donde desarrolla el tema “Historia del Emperador Carlos V”, obteniendo mención honorífica.
No fue impedimento para obtener unos buenos resultados, el tener que desarrollar su formación mediante la “enseñanza doméstica”, preparándose en casa con profesores particulares o por su cuenta, para acudir a final de curso a examinarse y dar validez académica a sus estudios.
A Dolores Navas siguieron otras mujeres que solicitaron su matriculación en “enseñanza doméstica” en el Instituto Provincial de Córdoba. Por orden de antigüedad, María de los Dolores López Carballido, María Gómez Coral, Pilar Baena Díaz, María Luisa Lubián Aríza, Araceli Avilés, Carlota Fuentes Pérez Blanca de Lucía, Mariana Gisbert Alonso y Soledad Malo Ordóñez:
(7) Contenido en el Expediente nº 4969 de Dolores Navas delgado. Archivo del I.E.S. "Séneca".
“Estas mujeres, cordobesas en su mayoría, realizaron sus estudios por enseñanza libre y cuando alguna se decidió a acudir al instituto de modo cotidiano, Soledad Malo Ordóñez debió ser la primera hacia 1903, lo hizo acompañada siempre del profesor titular de la clase en que se presentaba y ocupando un puesto distinguido, en la plataforma. En tales casos era la alumna el estímulo y el acierto del discipulado masculino cuyas faltas de aplicación se comparaban públicamente con la pundonorosa conducta de la muchacha que presenciaba sus fallos. Acaso también en ellas el afán de aprender y el temor a hacer mal papel, no sería muy ajeno a la presencia de tanto espectador de sus trabajos y lecciones dadas” (8).
El debate sobre la educación de la mujer estuvo presente en el Congreso Nacional Pedagógico de 1882. Los ponentes de la Institución Libre de enseñanza abogaron por la coeducación: “La educación de los párvulos debe encomendarse a la mujer; y la unión de los dos sexos continuarse en todos los grados de la escuela, para que ésta sea imagen de la vida” (9).
Pero el Congreso rechazó la coeducación con un argumento que se impuso: “La unión de los sexos debe terminar en las escuelas de párvulos… por lo perjudicial que es tener ciertas confianzas, aunque pueriles, familiares, con individuos que no son de la misma familia” (10).

A pesar de la situación, existía una carencia de feminismo en España, comparada con otros países europeos, que la escritora Emilia Pardo Bazán atribuía a la falta de educación en la mujer española.

Junto con otra mujer, la penalista Concepción Arenal, tuvo un papel destacado en el Congreso Hispano-Portugués-Americano de 1892.
La ponencia de Emilia Pardo Bazán acerca de “La educación del hombre y de la mujer” y el escrito de Concepción Arenal sobre “La educación de la mujer” defendían una educación para la mujer tan extensa como la del hombre, que le permita el acceso a cualquier actividad, con el solo límite que le imponga su propia competencia:
"Para mí es evidente que la educación completa y racional, totalmente humana, de la mujer, no dañará, antes fomentará, la verdadera virtud. Pero admitid que sucediese lo contrario: aun así, habría que dársela, so pena de declarar preferible a la cultura y la civilización el estado de barbarie primitiva, triste paradoja de los retrógrados más o menos disfrazados, como J. J. Rousseau." (E. Pardo Bazán) (11)
(8) El alumnado femenino en el Instituto de Córdoba. Diario CÓRDOBA, 1 de junio de 1847, p. 3.
(9) Conclusiones presentadas al Congreso Pedagógico por la ILE. BILE 128, 17 de junio de 1882, p. 126.
(10) Actas del Congreso Pedagógico de 1882. Librería de don Gregorio Hernando, pp. 8-9.
(11) Pardo Bazán, Emilia. Ponencia sobre La educación del hombre y de la mujer. Congreso Pedagógico Hispano Portugués Americano de 1892.
“Es un grave error y de los más perjudiciales, inculcar a la mujer que su misión única es la de esposa y madre; equivale a decirle que por sí no puede ser nada, y aniquilar en ella su YO moral e intelectual” (C. Arenal) (12)
Los institucionistas observan que las diferencias intelectuales entre los sexos son obra de una educación diferente y defendieron en el Congreso: “la igualdad de la educación del hombre y de la mujer… la libertad de ejercer todo género de profesiones… la enseñanza mixta, es decir, la coeducación de ambos sexos en todos los establecimientos” (13 )
Pero las conclusiones del Congreso fueron menos avanzadas: la mujer tiene derecho a una educación igual a la del hombre, pero no se ha de permitir el acceso de las mujeres a todas las profesiones; y la coeducación no ha de extenderse más allá de la primera enseñanza.
A la altura de 1900 la realidad española es muy distinta a la de 1868: aunque de forma tardía y lenta, la mujer ha accedido al título de Bachiller, que le abre las puertas de la Universidad; desde el curso 1872-1873 están realizando estudios de Medicina, Derecho y Filosofía y Letras las primeras mujeres, si bien, habría de avanzar el siglo XX para que sus títulos les permitieran ejercer su profesión. El ambiente parecía preparado para asumir una mejora de la condición femenina, mediante medidas favorables a la educación de la mujer. El interés de los regeneracionistas por el tema de la educación (Joaquín Costa pedía “despensa y escuela”), llevó a los políticos a la creación del Ministerio de Instrucción Pública por Ley de 30 de marzo de 1900. El camino para conseguir la igualdad en la educación queda abierto.

Esta fotografía se encuentra en el Archivo del I.E.S. Séneca, y muestra el interés de las mujeres de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, por el mundo de la cultura. El nuevo siglo abre expectativas esperanzadoras para la mujer en alcanzar la igualdad en la educación, indispensable para evitar cualquier forma de discriminación y hacer efectiva la igualdad de oportunidades.
(12) Arenal, Concepción. La emancipación de la mujer en España. Madrid, Júcar, 1974, p. 67.
(13) Congreso Pedagógico Hispano Portugués Americano de 1892. BILE nº 378, 15 de noviembre de 1892, p. 329.